Hace años que se han globalizado las ONG para colaborar, todos unidos, con las causas más desfavorecidas y que parecen las más complejas de resolver.

Apadrinar a un niño, dar juguetes, enviar ropa a las personas del tercer mundo, reducir la contaminación, terminar con la explotación laboral y acabar con causas bélicas son algunas de las razones por las que la gente cada vez está más concienciada de que hay que ayudar a los demás y de que hay que ser solidarios, porque lo que les pasa a otras personas nos puede pasar a nosotros en cualquier momento. También debemos pensar en la suerte que tenemos, ya que podríamos haber nacido en el seno de una familia sin recursos o en un país explotado.

E incluso sin darnos cuenta a veces colaboramos, ya que hay empresas y organizaciones que destinan parte de los beneficios que recaudan a ONG o fundaciones. Un acto que debemos tener en cuenta y agradecer, a esas empresas, ya que muchas veces nos quejamos de que no hay suficientes vías para poder ayudar, aunque eso hoy en día es prácticamente imposible.

Para colaborar con causas benéficas también nosotros tenemos que ser ingeniosos y estar atentos, porque comprando nuestros alimentos, ropa o utensilios para la vida cotidiana podemos colaborar con dichas causas. Os pongo un ejemplo: recientemente, con motivo de la navidad han sido publicadas unas postales por parte de una editorial, pero esas postales llevan consigo algo muy significativo, porque si las compramos estamos colaborando con las personas más desfavorecidas de las catástrofes en Haití para ayudarles a salir adelante. Yo ya las he comprado, y además de recordar años pasados felicitando a familia y amigos mediante una vía bastante olvidada (el correo), también he recordado a las personas que a lo mejor no tienen un plato que comer en estas fechas tan señaladas y que se presentan tan felices para todos nosotros.

Así que, trabajadores y consumidores, saquemos un poquito más de partido a nuestro trabajo y a nuestro placer consumista y ayudemos a un mundo que nos lo agradecerá, ya que nuestras buenas acciones pueden recaer indirectamente en nosotros mismos.