De la tarima y las filas a la interacción circular

Escrito por blogmaestro
22 de septiembre de 2010 a las 1:01h

El inicio del curso es un buen momento para reconsiderar las dinámicas dentro de las aulas. Tradicionalmente la disposición en secciones de filas de dos mesas separadas por un pasillo se sigue manteniendo de manera bastante generalizada y poco cuestionada, excepto en educación infantil y en los primeros cursos de primaria. A partir de ahí parece que la “disciplina” exigiera tan militar disposición.

Sin embargo, y tal como propone Jesús Garrido en La Voz de la Escuela de hoy, quizás convenga deshacernos de las filas, así como hicimos hace años con las tarimas. La Discusión Dirigida (DD) que propone este pedagogo tiene algunos objetivos muy similares a los que marca la ley: fomentar “la aceptación del sentimiento de los demás, la animación, la recogida imparcial de ideas, las preguntas abiertas y flexibles, la información precisa, el acuerdo sobre normativa de acción en el grupo, la reflexión y autocrítica, y el fomento de la iniciativa”. Es decir, que el profesor busque conseguir que el alumnado participe de forma activa y flexible en su propio aprendizaje, actuando como dinamizador y no como el elemento central de atención de las 20 caras que atienden a su explicación en la pizarra.

De esta manera se desarrollan de un modo más eficaz las competencias básicas marcadas en el currículo y se fomenta un aprendizaje más autónomo y menos dirigido. Para esto el profesor Garrido ofrece en el Panel de la 2 la posibilidad de recibir el dossier Discusión Dirigida enviando un correo electrónico a churepe@telefonica. net con el nombre, la dirección del centro en el que se trabaja y la tarea que se realiza. Para recibir el primer dossier, Introducción a la técnica de la discusión dirigida, se ha de mandar esa información antes del 28 de septiembre.

Mientras tanto las páginas 4 y 5 sirven como introducción a esta técnica, en la cual no se debe confundir el adjetivo “dirigida” con un monopolio por parte del profesor, sino como una fórmula en la que la interacción eficaz y productiva entre el alumnado es el objetivo principal. La función del docente es proponer, dinamizar y ayudar a evaluar los resultados de la actividad propuesta. Una manera de pasar de la tarima y las dobles filas de pupitres a emplazamientos circulares o semicirculares que propicien la interacción productiva y el desarrollo de las competencias básicas.

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