Chapar o no chapar: Un falso dilema decimonónico en el siglo XXI
Si a principios de julio de 1982, a mi vuelta después de un curso en las afueras de Boston, me hubieran hecho estas preguntas, mis respuestas habrÃan sido muy similares. Me remontaré a mi primera semana allÃ, a finales de agosto de 1981. Después de 6 años de “chaparme” repetidamente la enorme lista alfabética de las tres formas de los verbos irregulares con los que realizar cientos de ejercicios escritos y tras pasarme una semana sin entender nada de lo que me decÃan, mi “madre” americana, Sandy, me llevó al despacho del director de la escuela en la que deduje me iba a pasar buena parte de los siguientes 9 meses. Tras las presentaciones Mr. McCurdy me ofreció un folleto en el que aparecÃan descritas las enseñanzas ofrecidas. Yo, confundido pero Ãntimamente exultante por la flexibilidad que me parecÃan ofrecer, me lancé a por experiencias que serÃan imposibles en un bachillerato casi cerrado como era y como sigue siendo el nuestro. Por fin, alguien que se habÃa encasillado en 3º de BUP en las letras puras podÃa elegir un curso de programación informática en lenguaje Basic, o un curso de canto coral (Glee Club) o una experiencia de fotografÃa y revelado en blanco y negro y combinar todo esto con cursos como “Relaciones internacionales de Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial”, Historia de Estados Unidos o “Cómo escribir un ensayo”. Es decir, combinar las formas tradicionales de Mr. Hand, ex-piloto y oficial en la Segunda Guerra Mundial con las de Mr. Cohen, con los encuadres perfectos y las greñas setenteras, y éstas con las de Mrs. Newberry, con su organización matemático-militar de la rudimentaria aula de informática. Y todo ello mezclado con la liga de fútbol (soccer) de Nueva Inglaterra y las interminables partidas de ping pong con mi amigo chino-canario Ming Chen Wu en el salón del sótano (lounge), presidida por una luminosa y ruidosa máquina de latas de Coca-Cola. De repente las palabras empezaban a tener sentido y me pude olvidar definitivamente del listado alfabético de los verbos irregulares, de los ejercicios de rellenar huecos (fill in the gaps) y de los aeropuertos o las repetidas visitas turÃsticas a Londres con páginas llenas de bobbies y cambios de guardia.
En algunos lugares de Estados Unidos y en algunos otros del mundo se lleva un tiempo “aprendiendo sin chapar” y en mi última visita en el verano de 2009 a Beaver Country Day School, que es el nombre de la escuela donde me gradué en mayo de 1982, pude comprobar que aquellos rudimentarios ordenadores pueblan ahora casi todas las aulas y que la cantidad de actividades “artÃsticas” o deportivas como eran los clubes de teatro o de radio o el equipo de redacción del periódico escolar que yo conocà a los 17 años habÃan ampliado no solo su rango y número, sino que complementaban de forma interdisciplinar y colaborativa el proceso creativo que rige la filosofÃa de la escuela y que aparece de forma clara y rotunda en la cabecera de su página web como el eje central de sus acciones, resumida en una cita de Ken Robinson, que dejo en inglés para comenzar a despojarse de las cadenas de la “chapatoria” y ponerse a “aprender haciendo” de forma creativa: “Creativity is not some exotic, optional extra. It’s a strategic issue“.
Etiquetas: La creatividad en el blog




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