
Alumnado gallego realizando un examen de Selectividad. / Carlos Folgoso
En un reciente artÃculo de La Voz de Galicia (13-2-2011) titulado “Universitarios con apuros para leer y escribir (bien)” y en los textos que lo complementan algunos profesores universitarios se quejan del “nivel” del alumnado que les llega de nuestras aulas e incluso afirman que sus mayores lagunas están “en la expresión, que es tremendamente decepcionante a nivel oral, y a nivel escrito brilla por su ausencia” (entrevista a Enrique Barreiro, director de la Escuela de IngenierÃa Informática de Ourense).
Aunque en el reportaje aparece también profesorado que defiende que el “nivel” del alumnado es mayor o, cuando menos, diferente que el de antes, las quejas predominan y entran dentro de la clásica actitud de “culpar” al responsable del nivel inferior y no hacer caso de uno de los posibles orÃgenes de esa “(in)capacidad” del alumnado blanco de sus quejas. Por eso quizás sea necesaria también una autoevaluación como la propuesta por Celso Currás en el citado reportaje y que apunta hacia alguna de las causas del problema.
Una pista sobre los orÃgenes de esa supuesta “(in)competencia” puede estar en la magnÃfica foto de Carlos Folgoso que describe muy bien el vértigo de cada uno de los alumnos y alumnas que están a punto de entrar en el último escalón del sistema educativo y que son recibidos con exámenes escritos, por una parte, y con distribuciones espaciales no muy apropiadas para seguir desarrollando las diversas competencias básicas y disciplinares que han ido adquiriendo durante los 12 años de educación pre-universitaria: el aula tipo anfiteatro o con mesas de banco corrido atadas al suelo y dirigidas a una tarima con varios encerados en que el profesor normalmente hará una exposición casi siempre unidireccional de la “materia”.
Estos patrones clásicos de enseñanza, bastante parecidos a los de hace 20, 30 o 40 años, efectivamente casan bastante mal con un alumnado que ha nacido con un ratón en la mano y ha crecido mirando a múltiples pantallas de acceso a un mundo globalizado tan diferente en procedimientos y necesidades al de esa parte del profesorado que ahora los juzga “(in)capacitados” y bajos de “nivel”. Pero este sistema tradicional de alumnado pasivo y “receptor” parte de la universidad, en la que se educan todos los profesores de los niveles preuniversitarios, y se asienta en casi todo el sistema educativo (excepto en educación infantil, donde el alumnado todavÃa no ha aprendido a leer y escribir). Las clásicas disposiciones en filas de dos mesas mirando a un encerado y la utilización generalizada de un libro de texto que centra muchas de las actividades de las aulas con sistemas de evaluación preferentemente escritos y en forma de examen son dinámicas muy frecuentes en todo nuestro sistema. Parten de la universidad y vuelven a modo de boomerang a ella con un momento de máxima tensión llamado Selectividad y precedido de un curso, 2º de bachillerato, donde todo el alumnado que quiera cerrar el cÃrculo ha de pasar por el rito iniciático de acceso al mundo adulto de concentrarse en preparar esa prueba escrita olvidándose muchas veces de que las leyes educativas españolas y europeas se centran no tanto en la acumulación de “conocimientos” disciplinares como en el desarrollo de competencias. Es decir, que de esos barros vienen estos lodos, que el que siembra vientos recoge tempestades, que la “(in)competencia”, de haberla, recorre todo el sistema partiendo de su fuente y que quizás sea este un buen tiempo para el cambio, dejando de lado el lamento basado en paraÃsos perdidos donde la criba económica y social llevaba a la universidad a un alumnado selecto y poco numeroso que ya venÃa seleccionado.

Aula universitaria gallega. / Miguel Villar
El Plan Bolonia y las leyes educativas basadas en principios centrados en un alumnado activo y protagonista de su propio aprendizaje son el reto que queda por delante. DeberÃamos dejar atrás las burlescas pullas contra las chuscas meteduras de pata de un alumnado “(in)competente”, obligado a contestar por escrito, y centrarnos en atenderlos, dentro de su diversidad y aprovechando su motivación, con herramientas y procedimientos más propios del siglo XXI que los hagan aprender de forma autónoma.
Para iniciar un debate de autoevaluación del sistema en el que están formándose proponemos hoy partir de reportajes como el anterior o de noticias sobre el sistema educativo para que el alumnado analice y reflexione sobre la situación de su dÃa a dÃa en las aulas. El blog, por supuesto, con sus múltiples posibilidades de interacción, es un entorno perfecto para plasmar este análisis: vÃdeos de los debates, reportajes audiovisuales que hayan sido utilizados como trampolÃn del análisis, artÃculos de opinión, cartas al director (del centro o de un periódico) con propuestas de cambio y mejora, carteles en Glogster, presentaciones multimedia o cualquier otro producto final o resultado del proceso tienen un lugar en el blog para ser alojados y compartidos.