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Claroscuro

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Texto sobre el Neoclasicismo

Que es el neoclasicismo.

Neoclasicismo surgió a mediados del siglo XVIII como una reacción a la exageración formal y sobre todo ornamentar a que había llegado el rococó y el rococó

Influye el sentido racional y pragmático y pulido por la ilustración el extracción de las corrientes anteriores

y es consecuencia de los últimos descubrimientos arqueológicos desarrollo inusitado de la arquología

especialmente de obras clásicas provocado por un desarrollo de las academias

en países como Alemania Inglaterra organiza las actividades artísticas y científicas en un esfuerzo de mecenazgo y control estatal surgido de planteamientos ilustrados .

En el arte las academias establecer las normas rígidas de las obras neoclásicas la inspiración adecuada para desarrollar

Es un arte frio y racional

Desarrolla un  arte ordenado que refleje las virtudes morales del hombre que recupere la belleza del cannon de proporcionalidad y armonía

Lo contrario de lo que fue el arte barroco.

Estilo a qué hora se desprecia por considerarse una arte superficial de engaño y exageraciones que es además opuesto al espíritu racional de la ilustración

En  la arquitectura en las curvas y volutas del barroco y confusión de elementos ornamentales

la utilización de los órdenes clásicos de la utilización de modelos romanos especial en templo griego como referencia constructiva.

de posturas imposibles de la estatuaria barroca estable y composiciones estables y formas proporcionadas en las que además se recupera el tema mitológico.

Los colores intensos los efectos de luz técnica espontánea de pincelada gruesa y las composiciones dinámicas barrocas se transforman ahora en una plástica contornos nítidos de colores predominantemente fríos y composiciones estudiadas

dibujos precisos composiciones estudiadas donde siempre pero vale la claridad y el orden

llamaron verdadero estilo o estilo correcto  porque consideraban que solo se seguía de forma estricta las normas establecidas por los clásicos se creaba arte y belleza

el termino neoclásico fue acuñado más tarde avanzado el siglo XIX y como una etiqueta peyorativa que describía un estilo carente de trascendencia y de significa autores neoclásicos en el campo de la pintura de Jacques Louis David principal la referencia de la clásica a la que se podrían añadir los escultores David y Thorvalsen.


Texto sobre Rococó y Neoclasicismo

De la explosión decorativa a la vuelta a los orígenes: Rococó y Neoclásico: La sensualidad hecha arquitectura y pintura

  1. El rococó y el colofón del absolutismo

El Rococó es un estilo que se inicia en Francia hacia 1720 y apenas duras unos 40 años, coincidiendo con el reinado de Luis XV. Su final se corresponde con la aparición del pensamiento Ilustrado que entendía este arte como algo trivial y depravado.

Idilio, Luis XV. Cosme San Martín

Imagen de Rodrígo Fernández en Wikimedia Commonsde dominio público

  1. La continuación del absolutismo en Francia

A la muerte del rey Luis XIV, el famoso rey Sol, paradigma del absolutismo, la herencia de la corona se antojó algo más complicada. La mayoría de sus descendientes enfermaron. Uno de sus nietos, Felipe de Anjou, prefirió reinar en España. Así que será su bisnieto en quien recaiga la sucesión, aunque debido a su minoría de edad se instaurará una regencia con Felipe de Orleans hasta que Luis XV cumpliera la mayoría de edad.

El regente compatibilizó su vida política con los caprichos y frivolidades que se celebraban continuamente en Palacio Real de París, donde instaló su residencia. Sin embargo, la pésima situación política junto con las blasfemias de las que se acusaba al regente y a todo su círculo por sus diversiones, acabaron con la consagración de Luis XV en 1722.

Luis XV no fue un monarca muy interesado en los temas políticos, dejando este tipo de asuntos al Duque de Borbón y al Cardenal Fleury mientas él se dedicaba a la caza, las fiestas y el lujo palaciego, mientras iba perdiendo el imperio colonial. Claro que esta actitud, también continuada por su sucesor fue lo que produjo la crítica de los Ilustrados al derroche y la opulenta vida de la Corte. Por eso los criticó duramente, incluso vetó la obra de los enciclopedistas. De hecho, el cambio estilístico que se produjo en el Palacio de Versalles se debió en gran medida a él, bueno y la influencia de sus amantes como la Marquesa de Pompadour. Este estilo de vida fue muy imitado por la aristocracia de la época, que emuló sus gustos y aficiones.

  1. El absolutismo en España

La entrada del nuevo siglo, el XVIII, trajo bajo el brazo a una nueva dinastía de origen francés, los Borbones, la misma que continúa en la

La familia de Felipe V, Van Loo

Imagen en Wikipedia de dominio público

actualidad. Tras la Guerra de la Independencia provocada por la muerte del último de los Austrias, el nieto de Luis XIV, Felipe de Anjou, sube al trono español coronado como Felipe V. Las novedades venidas de Francia no se hicieron esperar y el Absolutismo con su fuerte centralización estatal se instalaron. La situación del monarca fue complicada ya que durante su reinado tuvo que hacer frente a varios problemas. Los que llegaban desde el extranjero, las rencillas con Austria como no podía ser menos tras haber ganado la guerra al Archiduque Carlos Austria. Pero también desde el interior del país en donde ni los nobles estaban contentos por la llegada de la aristocracia francesa alrededor del rey que los desplazaba; ni tampoco lo tenía todo consigo con los catalanes que no se llevaban bien con los franceses tras la pérdida del Rosellón y la Cerdaña, y que ahora verían incrementado su animadversión tras los Decretos de Nueva Planta que anulaban todos los fueros del Reino de Aragón.

 

Su segunda esposa, Isabel de Farnesio, lo aconsejó en asuntos políticos. De hecho una de las aspiraciones de Felipe V era suceder en el trono a Luis XIV de Francia, por eso cuando este falleció abdicó en su hijo Luis I con ese propósito. Sin embargo, la temprana muerte de su hijo lo llevará definitivamente al trono español hasta su fallecimiento en 1746. Esta última etapa estuvo marcada por los conocidos como Pactos de familia con Francia.

 

Su sucesor fue su hijo Fernando VI, quien tuvo que esperar hasta la muerte de su padre en 1746 y no recibió la corona tras el fallecimiento de Luis I como pudiera haber sido. Su reinado se caracterizó por un periodo de paz, más centrado en las reformas de la Hacienda Pública que realizó el Marqués de Ensenada. Fue un monarca ilustrado, protector de las artes y las ciencias. Un buen ejemplo de esto fue la creación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Su hermano por parte de padre, Carlos III, llegó desde Nápoles en donde reinaba para suceder a Fernando VI. Sus aires renovadores acarrearon la oposición de la nobleza y los estamentos más tradicionales. Fue continuador de los Pactos de Familia. En esa línea de la modernización también condijo a las artes que fueron acercándose al Neoclasicismo. No obstante no debemos olvidar piezas emblemáticas del rococó como la que veremos posteriormente en el Palacio Real, el Salón Gasparini.

Carlos III, Mengs

Imagen en Wikipedia de dominio público

 

 

  1. El absolutismo en España

La entrada del nuevo siglo, el XVIII, trajo bajo el brazo a una nueva dinastía de origen francés, los Borbones, la misma que continúa en la

La familia de Felipe V, Van Loo

Imagen en Wikipedia de dominio público

actualidad. Tras la Guerra de la Independencia provocada por la muerte del último de los Austrias, el nieto de Luis XIV, Felipe de Anjou, sube al trono español coronado como Felipe V. Las novedades venidas de Francia no se hicieron esperar y el Absolutismo con su fuerte centralización estatal se instalaron. La situación del monarca fue complicada ya que durante su reinado tuvo que hacer frente a varios problemas. Los que llegaban desde el extranjero, las rencillas con Austria como no podía ser menos tras haber ganado la guerra al Archiduque Carlos Austria. Pero también desde el interior del país en donde ni los nobles estaban contentos por la llegada de la aristocracia francesa alrededor del rey que los desplazaba; ni tampoco lo tenía todo consigo con los catalanes que no se llevaban bien con los franceses tras la pérdida del Rosellón y la Cerdaña, y que ahora verían incrementado su animadversión tras los Decretos de Nueva Planta que anulaban todos los fueros del Reino de Aragón.

Su segunda esposa, Isabel de Farnesio, lo aconsejó en asuntos políticos. De hecho una de las aspiraciones de Felipe V era suceder en el trono a Luis XIV de Francia, por eso cuando este falleció abdicó en su hijo Luis I con ese propósito. Sin embargo, la temprana muerte de su hijo lo llevará definitivamente al trono español hasta su fallecimiento en 1746. Esta última etapa estuvo marcada por los conocidos como Pactos de familia con Francia.

Su sucesor fue su hijo Fernando VI, quien tuvo que esperar hasta la muerte de su padre en 1746 y no recibió la corona tras el fallecimiento de Luis I como pudiera haber sido. Su reinado se caracterizó por un periodo de paz, más centrado en las reformas de la Hacienda Pública que realizó el Marqués de Ensenada. Fue un monarca ilustrado, protector de las artes y las ciencias. Un buen ejemplo de esto fue la creación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Su hermano por parte de padre, Carlos III, llegó desde Nápoles en donde reinaba para suceder a Fernando VI. Sus aires renovadores acarrearon la oposición de la nobleza y los estamentos más tradicionales. Fue continuador de los Pactos de Familia. En esa línea de la modernización también condijo a las artes que fueron acercándose al Neoclasicismo. No obstante no debemos olvidar piezas emblemáticas del rococó como la que veremos posteriormente en el Palacio Real, el Salón Gasparini.

 

Carlos III, Mengs

Imagen en Wikipedia de dominio público

Sala de los espejos, Palcio de Carlos VII y María Amalia de Austria

Imagen de Steve Jurvetson en Flickr bajo licencia cc

Como otras tantas veces ha pasado en el mundo del arte, lo que comienza siendo un término despectivo para nombrar algo relacionado con el estilo, termina convirtiéndose en la palabra que da nombre a una corriente artística. En este caso ocurrió con la decoración propia de estos edificios de estuco, madera o porcelana que imita a formas naturales como piedras y conchas y que en francés se denominan rocaille y coquille. Y de ahí al vocablo rococó.

El Rococó es un estilo artístico que aflora en Francia en el siglo XVIII, entre 1730 y 1760 aproximadamente, durante el reinado de Luis XV. Desde Francia se extendió a otros países de Europa, especialmente Alemania fue un foco importante.

Los cambios en el Barroco se comenzaron a dar tras la muerte de Luis XIV,  el conocido Rey Sol que residía en Versalles con toda su corte. Y es que la nobleza comenzó a marcharse a París. Con la regencia de Felipe de Orleans el estilo comienza a introducir innovaciones que se adaptan a los nuevos estilos de vida, mucho más refinado y en busca del deleite sensual más que del espiritual. Se trata de una nueva manera de entender el arte, mucho más preocupado por seducir y cautivar que por lo espiritual. Y claro, con estas ideas, las cuestiones religiosas tan importantes en el Barroco se dejan de lado para convertirse en un arte algo superficial y mundano.

El moderno estilo de vida que impone la aristocracia en París está caracterizado por nuevas residencias, lejos del icónico palacio de Versalles se construyen sus propias residencias urbanas que se conocen como hôtel. Estas residencias señoriales reflejan el nuevo ideal de vida más relajado y despreocupado de la sociedad. Las clases altas prefieren el placer frente al misticismo anterior, y eso se va a notar en el empleo entusiasta de una decoración animada y distinguida, difundiendo una viveza, delicadeza y belleza llenas de gracilidad.

Sala de la porcelana. Palacio de Aranjuez, Madrid.

Imagen de Ljuba brank en Wikimedia Commons bajo licencia cc

En general, podemos observar cómo emplean la ornamentación para este objetivo. Si te fijas en algunas de sus construcciones, observarás que los exteriores no se corresponden con los interiores, pues la aparente sobriedad exterior contrasta con los interiores en donde se exhiben salones, gabinetes, y otras tantas estancias en las que todas las artes se fusionan de un modo admirable. Si entras en algunas de ellas te darás cuenta como los muebles, las paredes o los colores encajan a la perfección, como parte de un único proyecto.

Esta decoración tan profusa no sigue un patrón común, sino que más bien parece autónoma e irregular, pero con un predominio de las formas curvas. Es habitual emplear elementos relacionados con el mundo natural como conchas, formas vegetales o piedras marinas, etc. Es lo que se conoce como rocalla y que tanto caracteriza al Rococó. Para dar más exuberancia al conjunto se emplean colores vivos, y puede que también se añadan revestimientos de pan de oro.

Otro tipo de adornos que están muy de moda son los de procedencia china, debido a la entrada de piezas de porcelana, telas y lacas de oriente.

Quizá podemos decir que el Rococó fue el último estilo unitario europeo, pues a partir del auge de la burguesía esta apostará por la originalidad de distintos  estilos más libres y diferenciados.

 

 

Madame de Pompadour, Boucher

Imgen de Yelkrokoyade en Wikipedia bajo licencia cc

 

  1. Los grandes ejemplos del rococó

Ya hemos hablado antes del nuevo modelo de vivienda aristocracia, esos palacios urbanos que se llaman hôtel. Pues bien, muchos de estos son los que proliferan ahora por Francia. Quizá uno de los mejores ejemplos es el Hôtel de Soubise,  un modelo que combina ambientes para las grandes fiestas de la élite y otros para los teatros y otras diversiones de la corte. Y es que recuerda que el lujo, el refinamiento y el gusto por lo mundano van a inundar todos estos lugares.

Será Jacques Gabriel uno de los arquitectos más afamados en Francia. Si ves algunos de sus edificios, exteriormente es probable que no encuentres mucha diferencia con lo que ya has estudiado del barroco francés. Sí, nos referimos a ese equilibrio propio del barroco en Francia, alejado de gustos excesivos y apostando, por tanto, por un estilo más clásico. Pero si atravesamos el umbral de las puertas de sus edificios es ahí donde vamos a poder comprobar toda su creatividad, en estancias llenas de elegancia y exquisitez.

Algunos de sus edificios en los que puedes ver estas características son el Palacio De Compiegne, la Ópera Real de Versalles, el Hôtel Biron, el Petit Trianon de Versalles o la Plaza de la Concordia en París.

La ciudad francesa de Nancy es otro de los grandes focos del Rococó en Francia. Un buen prototipo de este estilo es la Plaza de Stanyslas, llena de enrejados, fuentes y bancos que conforman un tejido enrevesado.

El otro lugar en donde triunfa el Rococó es en Alemania, con arquitectos de la talla de Baltasar Newman que trabajará en la zona de Bohemia. Allí, en Wurzburgo, construirá la Residencia del Obispo elector.

 

Plaza de Stanyslas, Nancy

Imagen de EmmanuelFAIVRE en Wikimedia Commons bajo licencia cc

  1. ¿Hay rococó en la arquitectura española?

Aunque Francia y Alemania fueron los países en los que el Rococó se convirtió en estas décadas en el estilo predominante no creas que no cruzó fronteras y llegó a nuestro país. Debes tener en cuenta que desde principios del siglo XVIII se produjo en España el cambio de dinastía y, con ella, la llegada de los Borbones, de la mano de Felipe V, nieto del rey sol. Por tanto, los gustos franceses se introdujeron aquí también. Así que muchos de los palacios que construyeron se puede ver la inclinación por los salones y gabinetes decorados a la moda. El Salón Gasparini del Palacio Real de Madrid, es una buena muestra de ello. Debe su nombre a su diseñador, Matías Gasparini, quien lo ideó como sala para que el rey Carlos II se vistiera. Su decoración, desde los mosaicos del suelo, mobiliario, telas de las paredes y estucos del techo está inspirados en los motivos que tan en boga estaban y que se conocían como chinoiserie.

Pero también en el Palacio de Aranjuez es espectacular la Sala de las Porcelanas, llena de esos motivos y materiales orientales.

En Andalucía la arquitectura barroca religiosa evoluciona recargándose cada vez más, esta deriva en el estilo Rococó. Puede que uno de los nombres más relevantes del momento es el del cordobés Francisco Hurtado Izquierdo. Obras como el Sagrario de la Cartuja de Granada lo acreditan.

Salón Gasparini, Palacio Real

Imagen de laetitiafp en Flickr bajo licencia cc

El rapto de Europa, Boucher

Imagen de Web Gallery of Art en Wikimedia Commons  de dominio público

 

  1. El refinamiento sensual de la pintura rococó

Lo mejor antes de comenzar es que observemos estas dos obras de la pintura rorocó. Nada mejor que mirar un cuadro para que nos hable, no creas que están callados, están intentando mostrarnos los gustos e intereses de la época en la que fueron pintados.

Fíjate en sus colores, ¿Son radiantes y delicados o apagados y toscos? ¿Predomina la luz olas sombras? ¿La pincelada en suelta o compacta? ¿Qué temas están representados y de qué manera lo hacen?

Si eres paciente y miras bien las imágenes  te aseguramos que vas a ser capaz de distinguir una pintura rococó ala perfección. Si quieres comprobar si son ciertas tus percepciones o hay algo que se te haya escapado no tienes más que seguir leyendo. Disfruta este acercamiento a la alegría y la sensualidad.

De la explosión decorativa a la vuelta a los orígenes: el Rococó y el Neoclásico. Mirando al pasado: arquitectura y escultura neoclásica

De la explosión decorativa a la vuelta a los orígenes: el Rococó y el Neoclásico.

Mirando al pasado: arquitectura y escultura neoclásica

El siglo XVIII es un momento en la historia lleno de contradicciones. Se suele presentar como la fase final del barroco—el rococó—y el desarrollo del neoclasicismo, que se suele interpretar como un movimiento opuesto al barroco. Sin embargo, es el siglo en el que aún los reyes franceses e ingleses practican el tacto real, es decir, en el que las monarquías mantienen su carácter sagrado, pero también es el siglo que verá decapitar al Luis XVI. En España, mientras tanto, los habsburgo ceden su puesto a los borbones y prosigue la decadencia, al menos exterior, de España, cada vez menos relevante en el ámbito internacional. El XVIII es el siglo de J. S. Bach, pero también el de Voltaire, el siglo de Catalina la Grande y del Incorruptible Robespierre, el Siglo de Luces lleno de sombras… Y es que la historia real es siempre algo diferente a lo que pensamos.

  1. El nacimiento de la pintura Rococó en Francia

El Rococó será también un estilo pictórico. Ya estamos viendo cómo resalta en las cuestiones decorativas por antonomasia. Por eso, la pintura tendrá dos vertientes, pues además de los lienzos es habitual que se colmen con grandes frescos las paredes y techos de las estancias palaciegas.

El óleo se seguirá utilizando, pero se va a difundir la técnica al pastel que proporciona gran realismo y unos colores brillantes, sutiles, destacando los rosas, verdes y amarillos. Además es muy apreciado por la rapidez que aporta. El color se antepone a todo lo demás, la sombra tan estimada en el Barroco se abandona para inclinarse por la luz. La pincelada es tan fina que a veces es casi imperceptible.

Las composiciones son un reflejo de la vida alegre que la aristocracia alcanza. La sensualidad, la distinción y el atrevimiento conquistan lo temas de la

Fragonard Boucher El columpio,

Imagen dewartburg.edu en Wikimedia Commons de dominio público La toilette, Boucher

 

época. Se renuncian a las alusiones majestuosas que venían del Barroco para apostar por temas más superficiales en las que las fiestas cortesanas llenas de galantería, las cuestiones pastoriles o de amor protagonizan sus obras. En estos cuadros, la mujer, como reflejo de la voluptuosidad y belleza, es uno de los epicentros de la acción.

Watteau, junto a Frabgonard y Boucher son algunos de los representantes más destacado de la pintura Rococó.

Antoine Watteau fue el iniciador de este nuevo género, otorgándole el título de “pintor de fiestas galantes” por sus escenas en el campo envueltas en una atmósfera volátil.

Jean Honoré Fragonard es uno de los mejores ejemplos de la pintura del siglo XVIII. Seguidor de Tiepolo, se convirtió en uno de los pintores de moda de Francia, con numerosos encargos en los nuevos palacios. Sin embargo el final de sus días no fue tan prolífico, pues la caída del Antiguo Régimen con el triunfo de la Revolución Francesa lo condenaron al olvido. Si observas con atención la obra de El columpio podrás entender este espíritu frívolo de la etapa de la que te estamos hablando. Fíjate como la dama está siendo balanceada por un hombre, mientras que a sus pies aparece otro tumbado que curiosea aquello que la mujer quiere mostrarle con la excusa del vaivén en el que las faldas se suben. Una escena divertida, pero a la vez atrevida para los tiempos.

François Boucher es junto a Fragonard uno de los máximos exponentes del Rococó. Muy apreciado en la corte de Luis XV realzará un nutrido grupo de obras para Madame de Pompadour. Sus temas preferidos, mitológicos, campestres y de interiores que tienen un toque más erótico.

Marie-Louise-Élisabeth Vigée Le Brun fue una de la más grandes pintoras del siglo XVIII y por tanto es indispensable que le demos su lugar para conocer su obra mejor.

Le Brun fue hija de un pintor de la época especialista en la técnica al pastel que tanto se llevaba por aquel entonces. Se reveló desde pronto como una magnífica pintora, aprendió de los grandes maestros como Rubens, Rembradnt o Van Dyck y desde muy joven comenzó a ganarse la vida con los retratos. Tan bien lo hacía que era quien sostenía económicamente a su familia. Se crió en un tiempo en los que las mujeres comenzaban tímidamente a liberarse, en especial aquellas que frecuentaban los salones y círculos cortesanos. Este fue su caso, pues su pintura le abrió las puertas de la aristocracia francesa, por lo que sintiéndose una mujer libre su proposición de matrimonio con el marchante de arte Baptiste Le Brun le ocasionó una profunda incertidumbre. Al final optó por el matrimonio huyendo de la vida con su padrastro, pero realmente dejó atrás unos problemas para procurarse otros nuevos.

 

Inmortalizó a personalidades de la alta sociedad, grandes protagonistas del siglo XVIII, lo que le abrió las puertas del Palacio de Versalles y se convertiría en la retratista oficial de la reina María Antonieta, esposa de Luis XVI.

En sus retratos al gusto de la época combina la idealización que tanto gustaba con un sentido de la introspección psicológica que resolvía bajo una vigilante ojeada de las circunstancias desde una mirada llena de delicadeza.

Además de los retratos de la reina, del resto de la familia real y de la nobleza, trabajó en sus autorretratos, pero también alegorías y paisajes, así como retratos de mujeres coetáneas.

  1. El rococó en la pintura española

En España, la pintura Rococó tuvo que esperar algo más que en Francia para que se desarrollara. Y es que el gusto Barroco aún imperaba en nuestro país. Así que será a partir de 1735 cuando aproximadamente comiencen a entrar las influencias llegadas de Europa, y casi siempre, relacionadas con los círculos cortesanos. Por un lado, los monarcas traen a los artistas punteros del momento, fundamentalmente italianos, para decorar sus palacios. En otras ocasiones, mandan llamar a pintores españoles que se encontraban en Italia para completar su formación y cuando llegan traslada la nueva sensibilidad dieciochesca a nuestro país.

Sin embargo, los temas galantes de Francia no son aquí tan divulgados. Se prefieren las representaciones alegóricas que glorifican a la monarquía en los Palacios Reales o los temas marianos en los frescos de las iglesias, mostrando una imagen más afable de las escenas sagradas que en el Barroco. Los retratos de la época tendrán también un toque diferente, no son tan ceremoniosos sino más humanizados.

No será hasta mediados del siglo XVIII cuando se produzca el éxito de la pintura Rococó en España. Este momento coincide con el reinado de Fernando VI y su esposa Bárbara de Branganza, artífices del giro estético que se producirá en la corte. Esto se debe a la llegada de artistas italianos a la corte, como antes mencionamos. Es el caso de Corrado Giaquinto, pintor de cámara y encargado de grandes frescos en el Palacio del Buen Retiro, el Palacio de Aranjuez o en recién construido Convento de las Salesas Reales. También será el encargado de revisar los cartones para tapices para la Real Fábrica de Santa Bárbara.

Posteriormente, tras su marcha, lo sustituirá Giambattista Tiepolo. Será el encargado de decorar el Salón de Alabarderos del Palacio Real, dónde realizó unos frescos de temática mitológica para ensalzar a la monarquía hispánica, en concreto Eneas conducido al templo de la Inmortalidad por sus virtudes y victorias y Venus encomendando a Vulcano que forje las armas para Eneas.

La llegada de estos pintores de fuera pronto influyó en los locales, y más cuando muchos de ellos se habían marchado a Italia para perfeccionar su formación. Este es el caso de Antonio González Velázquez, autor de las pinturas de la Cúpula de la Basílica del Pilar en Zaragoza. Esta ciudad aragonesa se convertirá en el foco principal del Rococó en España, tras la ciudad cortesana de Madrid. Esta transformación estética fue la que impulsó a nuevos artistas de la región como Francisco Bayeu o Francisco de Goya.

Pero es Luis Paret y Alcázar el pintor más característico del estilo, pintando cuadros muy del gusto francés, con fiestas galantes y suaves colores. Así podemos verlos en las obras que realizó para los círculos aristocráticos cortesanos de Madrid como El baile de las máscaras o Las parejas reales.

En este tema vas a conocer la música que se oía en los teatros y los salones más solemnes de Europa, cómo eran los interiores de los palacios de la monarquía y la aristocracia, y qué ropa usaban cuando debían asistir a un gran evento social. Va a ser un recorrido por las piezas musicales más increíbles que se hayan compuesto nunca de la mano de un genio que no fue del todo comprendido en su época y que nos ha legado obras imperecederas que aún hoy agotan las entradas cuando se representan. Descubrirás la elegancia y el refinamiento elevados a su máxima expresión, y conocerás las primeras fábricas dedicadas a crear maravillosas piezas de porcelana, cristal y tapices que decoraban las fastuosas residencias de monarcas, obispos y miembros de la aristocracia, y te asombrarás al descubrir los maravillosos trajes que usaban.  Y qué decir de esas pelucas gigantescas decoradas como un árbol de Navidad, puro capricho y excentricidad.

Un mundo de lujo y derroche que se terminó bruscamente en 1789 cuando el pueblo dijo que ya estaba bien de que continuara la brecha entre unos cuantos ricos que vivían a todo lujo y la inmensa mayoría de la gente que apenas tenía para comer y que encima con sus impuestos pagaba los caprichos de los otros.

  1. El clasicismo musical

La música clásica la solemos asociar con elegantes teatros, gente culta que viste ropa cara, una gran orquesta, muchos músicos tocando con rostro serio y en general, sentimos un cierto rechazo hacia ella por considerarla una reliquia de otra época. Pues bien, aparte de saber que si hoy existe el rock, el pop o el tecno es gracias a esta música, por música clásica o clasicismo musical se  entiende el tipo de música que se hizo durante aproximadamente algo más de medio siglo, entre la muerte de Bach en 1750 y la de Beethoven en 1820.

Heredera de muchas de las técnicas, composiciones e instrumentos de la etapa anterior barroca, la música clásica aspira, al igual que el resto de las artes de la Ilustración, a la creación de un arte ideal y perfecto en donde la simplicidad y la claridad sean sus señas de identidad. Durante este periodo musical con similitudes y también fuertes diferencias con el Barroco se puede hablar de una música Rococó o de transición al clasicismo, en donde brillaron grandes compositores como Haydn o Mozart, se estrenan óperas perfectas e imperecederas, aparecen los primeros pianos  y el mundo se llena de sonatas y sinfonías.

En cuanto a las características de la música clásica hay que destacar las siguientes:

##Simplificación, claridad y sencillez en las composiciones, que respetarán las formas y las normas establecidas.

##Carácter alegre de la música mediante el protagonismo de las melodías, que serán más simples que en el Barroco, se basarán en la simetría y se articulan en dos modelos: melodías divididas en ocho compases (cuatro más dos más dos) o en seis compases (tres más tres).

##Desuso del bajo continuo para utilizar el bajo Alberti, que consiste en dividir el acorde en las notas que lo componen y que se repiten regularmente, lo que se conoce como arpegio.

##Mejoras técnicas en la instrumentación,  con la aparición de nuevos instrumentos como el clarinete y la trompa, así como el primer modelo del actual piano: el pianoforte. El clavicordio deja de utilizarse y se amplía la orquesta para poder interpretar las nuevas sinfonías: veinte violines, ocho violas, seis violonchelos, cuatro contrabajos, dos clarinetes y dos trompas.

##Aumenta el interés de la sociedad por la música, que se asocia a la buena educación de la persona, por lo que el estudio de la música se convierte en obligatorio. Se crean numerosos teatros donde acudir a oír buena música, aparecen revistas musicales especializadas como The Spectator o Mercure, y el epicentro de esta nueva corriente musical es la ciudad de Viena.

  1. La banda sonora de la Ilustración

La composición musical predominante durante estos años fue la sonata, heredada del Barroco pero que ahora presenta una estructura fija que todos los compositores siguen al pie de la letra, bueno, de la partitura, y que también articula el resto de composiciones musicales. La sonata puede tener tres o cuatro partes o tiempos que siguen este esquema:

##Primer tiempo o movimiento, Allegro. El Allegro sigue un esquema A-B-A’, siendo A la introducción de la pieza musical, la exposición de los temas, que normalmente se trata de uno más enérgico y otro más melódico que sirve de acompañamiento. B es el desarrollo de la melodía principal presentado a modo de conflicto entre los temas principales, que se fragmentan y se varían. A’ es una reexposición de los temas iniciales variando su intensidad y los instrumentos que la interpretan. Este primer movimiento es el esquema de sonata que articulará el resto de composiciones con su esquema fijo de Exposición – Desarrollo – Reexposición.

##Segundo tiempo más lento, Adagio, más melodioso, con un esquema A-B-A.

##Tercer tiempo o movimiento, Minuetto o Scherzo, ejecutado en una forma más desenfadada y entretenida, con un esquema A-B-A’.

##Cuarto tiempo, denominado Final, Rondó o Presto, con el mismo esquema que el Allegro pero alternando el tema principal a modo de estribillo con otros episodios en donde se interpreta el tema principal con otros tonos para conseguir más variaciones y más texturas del tema principal.

Las sonatas se escribirán normalmente para un instrumento solista, incorporando como novedad con respecto al Barroco la proliferación de sonatas para piano, pero que variarán a lo largo de estos años para conformar las sonatas para piano y un segundo instrumento acompañante. Junto a las sonatas tendremos partituras para ser interpretadas por tres, cuatro, cinco o más instrumentos, los conocidos como Tríos, Cuartetos o Quintetos, estableciéndose una serie de composiciones fijas como los Cuartetos de Cuerda o Quintetos de Viento que siguen vigentes en la actualidad. Estas composiciones derivan de la forma sonata para ser interpretadas por varios instrumentos, al igual que las Serenatas y los Divertimentos, que son formas sonatas para ser interpretadas por varios instrumentos al aire libre. Los Conciertos se escribirán para ser interpretadas por un instrumento solista principal acompañado de una orquesta, y finalmente tenemos la otra pieza clave de este clasicismo musical: las Sinfonías, obras majestuosas para ser interpretadas por una orquesta sinfónica.

Aquí puedes escuchar dos buenos ejemplos de lo que has estudiado hasta ahora: el movimiento Allegro de la Sinfonía número 40 de Mozart, que presenta la típica melodía en forma simétrica, y  la famosísima Pequeña Serenata Nocturna, también del genio de Salzburgo.

  1. El estilo preclásico: la música Rococó

Entre el Barroco y el Clasicismo la transición se produjo gracias a la música Rococó, también conocida como Estilo Galante, una música íntima que deja atrás los excesos barrocos y prefiere esquemas y melodías sencillas para ser interpretadas por pequeñas orquestas de cámara en donde las melodías claras y bien definidas se repiten con leves variaciones conformando las nuevas sonatas clásicas. Destacarán los compositores Sammartini, creador de sinfonías para orquestas de cámara, y Johann Christian Bach, hijo del famoso compositor alemán y conocido como El Bach de Londres. Aquí puedes escuchar su Concierto en Fa Menor y apreciar el sonido del antecedente del piano, el pianoforte.

 

Cabe destacar en esta música de transición una orquesta al servicio de uno de los príncipes alemanes que creó escuela y trasladó a una ciudad del sur de Alemania el centro musical de toda Europa durante las décadas centrales del siglo XVIII. Se trata de la orquesta de Mannheim, que creó la Escuela de Mannheim con una gran cantidad de innovaciones, como el mayor tratamiento individual de los instrumentos de viento, la denominada Gran Pausa, que consiste en unos  segundos de silencio tras los cuales la orquesta reinicia la música con la participación de todos los instrumentos en un movimiento rápido y contundente conocido como Crescendo, para que nos entendamos: ¡un subidón! Haydn compuso varias sinfonías para esta orquesta, y Mozart quiso trabajar para ella, pero sin éxito.

  1. Viena, capital de la música clásica.

En la capital austríaca se dieron cita tres de los más grandes compositores de todos los tiempos y se culminó el estilo que estamos estudiando: el clasicismo musical. Hablamos de Haydn, Mozart y Beethoven, quien hizo evolucionar la música hacia el siguiente estilo, el romanticismo.

Joseph Haydn (1732 – 1809) es el padre de la sinfonía, perfeccionándola y creando maravillosas partituras llenas de elegancia y buen gusto, como su Sinfonía número 92 conocida como Oxford y su Sinfonía número 94 o Sorpresa. Verdadero ejemplo de músico ilustrado de la época, trabajó para la alta aristocracia de Austria y Hungría, y fue el fundador del cuarteto de cuerda, que como ya sabes es una variación de la forma sonata para ser interpretada por dos violines, una viola y un violonchelo con una estructura de cuatro movimientos: allegro, adagio más lento, minueto y final rápido o presto. Nos ha legado otras piezas clave de la historia de la música como su oratorio La Creación o la ópera Orfeo y Eurídice.

Haydn fue profesor durante algunos años del joven Beethoven, al que conocerás en profundidad durante el curso próximo, y  amigo íntimo de Mozart, el mayor genio de la música de todos los tiempos que se merece un epígrafe para él solito, el que viene a continuación.

 

  1. El genio de la música se llamó Wolfgang Amadeus Mozart

El mayor genio de la música nació en la ciudad austriaca de Salzburgo en 1756. Hijo del compositor y músico de la corte del príncipe arzobispo de esa ciudad Leopoldo Mozart, fue un auténtico niño prodigio que junto a su hermana mayor, la también excelente y virtuosa intérprete Anna María, apodada Nannerl, recorrió media Europa dando conciertos antes de cumplir los diez años para embaucar a príncipes y reyes de las más refinadas cortes con su inusual talento. El joven Mozart ya escribía pequeñas piezas musicales con cuatro años, y a los doce compuso su primera ópera.

Su padre fue su maestro durante sus años de juventud, pero también recibió clases del gran Johann Christian Bach  y del teórico musical Giovanni Battista Martini. Los éxitos de la familia Mozart se sucedían sin parar. En Italia fue nombrado miembro de la Academia Filarmónica de Bolonia, y en ese país conoce las novedades estilísticas que estaban revolucionando la ópera. La familia regresa a Salzburgo en 1773 y Mozart consigue un puesto como músico al servicio del nuevo príncipe arzobispo de la ciudad, pero pronto se aburre y decide probar fortuna en otro lugar para ganar más dinero.

Ten en cuenta que en esta época los músicos eran poco más que simples asalariados al servicio de algún monarca o aristócrata que debían satisfacer los gustos de sus mecenas más que los suyos propios.

Tras unos años donde compone decenas de buenas sinfonías, sonatas, cuartetos,  conciertos para piano y violín y alguna que otra ópera, decide viajar a Viena  donde conoce a Joseph Haydn pero no consigue un puesto en la corte del emperador. Se traslada a París a probar fortuna en la corte de Luis XV pero tampoco consigue un puesto a la altura de sus expectativas, y tras volver a intentarlo en la Orquesta de Mannheim decide instalarse definitivamente en Viena en 1781 para trabajar como músico independiente por encargo.

  1. La máxima expresión del rococó: mobiliario y decoración

Si hubo un movimiento artístico que prestó especial atención a la decoración, los muebles y los adornos ese fue el estilo Rococó, símbolo por antonomasia del poder absolutista de los monarcas europeos que tuvo en el París de 1750 y en los últimos años de la corte de Versalles su máxima expresión. Se trata de una decoración al servicio de las altas y altivas clases sociales dominantes de una época que ya empezaba a decaer en las últimas décadas de la centuria y que terminó de manera violenta en 1789 cuando el pueblo francés, harto ya de pasar penurias mientras sus gobernantes se daban la vida padre, estalló violentamente y acabó por derrocar al Antiguo Régimen y mandar a sus monarcas y otros muchos miembros de la aristocracia a la guillotina. Parece ser que París se tiñó de azul esos días, con tanta sangre real derramada…

Viendo el tráiler de la película que sobre María Antonieta realizó la directora Sofía Coppola podrás hacerte una idee bastante acertada de cómo eran los interiores, los objetos, las joyas y en general, el mundo hacia mediados del siglo XVIII.

  1. El estilo Luis XV

Una de las épocas de mayor esplendor del mobiliario es este estilo Luis XV, que ocupa las décadas centrales del siglo XVIII y que se ha convertido en símbolo del Antiguo Régimen, de la vida cortesana en los palacios europeos, de toda una época que finalizó con la rebelión del pueblo contra el Despotismo Ilustrado. Luis XIV muere en 1715 y tras unos años de regencia sube al trono Luis XV, quien aún manteniendo el fastuoso palacio de Versalles, prefiere la vida en París, así que buena parte de la aristocracia y la burguesía francesa del momento se construye lujosas villas y palacetes en la capital francesa.

El mobiliario rococó tendrá una clara influencia femenina, pues la mujer cortesana es la encargada de organizar reuniones, tertulias, conciertos de cámara y demás eventos sociales que preferirán un rincón de un salón o de una habitación con vistas a un hermoso jardín antes que un gran salón repleto de gente. El rococó es el arte de los interiores, de los colores pastel en donde el rosa cobrará protagonismo absoluto, de las líneas curvas y la asimetría, y por supuesto, del confort. Los interiores se decoran con rocalla, la estrella de la decoración rococó, que imita las piedras naturales y las delicadas formas de las conchas marinas.

Como principales características del mobiliario rococó o estilo Luis XV podemos resaltar las siguientes:

##El interior se independiza del exterior, y la rocalla y la porcelana serán los elementos decorativos predominantes.

##Líneas curvas, formas asimétricas y tonos apagados pastel: verdes, azules y rosa Pompadour serán los colores más usados.

##Fantasía decorativa, usándose motivos florales, musicales, mitológicos y chinescos por influencia de la porcelana.

##Arte de clara influencia femenina al servicio de la vida frívola cortesana y burguesa, el lujo, la comodidad y los acontecimientos sociales.

##Se busca la unidad de los interiores mediante la profusión decorativa y el uso del tapizado, que además de aportar comodidad a los muebles ofrece un aspecto de unidad formal al igualar las superficies. Se preferirán los muebles a una escala menor que en el Barroco y con un aspecto más gracioso, estilizado  y elegante.

Por supuesto será Francia donde se geste este estilo y donde se produzcan los muebles más exquisitos y de mayor calidad. La ebanistería alcanza su máximo apogeo y perfección de la mano de grandes diseñadores como Chippendale o Charles Cressent, que producen refinados muebles donde las maderas nobles de árboles frutales y ébano ya no necesitan travesaños para encajar perfectamente y se fabrican ligeros muebles con marquetería, variados barnices y chapeado, es decir, muebles recubiertos de finas láminas de otras maderas o de metales.

Las sillas tendrán unos grandes respaldos en forma de violín y conteras de bronce en los extremos de las patas para evitar que rayen las superficies. Proliferarán las cómodas esmaltadas con tableros de mármoles de colores y bronces dorados al mercurio, los escritorios o bureau de las más variadas tipologías y las mesas tocador o coiffeur con diferentes tapas abatibles y un espejo en la parte central. Las patas y respaldos de estos muebles estarán curvadas simulando los cuernos de las cabras, denominándose cabriolé.

Los sillones ganan en comodidad al estar tapizados, con respaldos cóncavos y suntuosos cojines, destacando el cabinet, con un asiento semicircular y de respaldo bajo, y las chaise longue con ricos cojines y los finos tapices más famosos de la época: los realizados en la localidad francesa de Jouy conocidos como Toiles de Jouy.

Las camas presentan una amplia tipología, abundando los doseles de los que cuelgan exquisitas cortinas y los techos realizados en madera. La decoración será muy variada, abundando las flores, los pájaros, las líneas sinuosas geométricas y los lasanges, redes geométricas compuertas de rombos de colores alternos blancos y negros con ángulos internos adyacentes de cuarenta y cinco grados.

El estilo rococó desembocará hacia 1770 en un estilo de transición conocido como Estilo Pompadour que precederá al mobiliario Luis XVI. Jeanne-Antoinette Poisson, duquesa-marquesa de Pompadour y más conocida como Madame de Pompadour fue una célebre cortesana que se convirtió en la amante oficial del rey Luis XV. Con una refinada educación, fue una verdadera apasionada de las artes y las letras, favoreciendo la aparición de la primera enciclopedia de Diderot,  fue mecenas de importantes pintores como Boucher y fundadora de la Fábrica de porcelana de Sèvres, que fabricó un color en su honor, el rosa Pompadour. Ella prefería un estilo algo más austero, con muebles más pequeños y con menor decoración, que se concentraba en los tapices. Su residencia parisina es hoy conocida como el Palacio del Elíseo, la actual residencia del presidente de la República.

  1. Las manufacturas reales

Las Manufacturas Reales o Reales Fábricas fueron una serie de industrias creados por los monarcas del Antiguo Régimen que proliferaron por toda Europa durante el silgo XVIII siguiendo el modelo de la primera de ellas, la que ya conoces de la unidad anterior: la Manufactura Real de los Gobelinos o Real Fábrica de Tapices de Francia, fundada en 1662 por el ministro Colbert al servicio del rey Luis XIV.

Colbert instauró en Francia una política económica intervencionista que pretendía competir con las importaciones del exterior creando unos productos de calidad que primero, dotaran a la Casa Real de unos objetos de altísima calidad, a la vez que daban trabajo a los habitantes del país, mejoraban su imagen exterior y renovaban la precaria economía fundamentalmente agraria y ganadera que llevaba siglos instaurada en Europa. Con estas fábricas además se introducían avances técnicos, se mejoraban algo las condiciones laborales de los trabajadores y se estimulaba la economía de las zonas más deprimidas de los países.

Estas revolucionarias ideas fueron retomadas por los Ilustrados europeos que veían en esta política económica pre industrial un gran avance no solo económico, sino social y cultural. El Estado era el encargado de construir los edificios, dotarlos de la mejora maquinaria existente hasta la fecha, de contratar y formar al personal que iba  a trabajar en ellas, usando no pocas veces el espionaje entre las manufacturas, pues a menudo se mandaba a ese personal a trabajar en otras manufacturas famosas para que volvieran contando los secretos que habían aprendido, así como de subvencionar esos productos mediante la supresión de los aranceles comerciales y de ayudar a propagar una buena imagen de ellos de manera que aristócratas, clérigos y miembros adinerados de la alta burguesía se animaran a consumir estos productos.

En España las Manufacturas o Reales Fábricas las introdujeron los monarcas de la dinastía Borbón que nos gobernaron tras la Guerra de Sucesión: hablamos fundamentalmente de Felipe V, Fernando VII, Carlos III y Carlos IV.

  1. La técnica del vidrio

El vidrio es uno de esos materiales imprescindibles para el hombre, que ha evolucionado constantemente y que en nuestros días forma parte imprescindible de nuestra forma de vivir. Qué sería de nosotros sin los cristales de las ventanas, las lunas de los coches, las bombillas, los espejos, las gafas, las pantallas de nuestros artilugios y ya en otro plano más industrial y tecnológico, piensa en los rascacielos, los microscopios, los telescopios… el avance de la humanidad debe mucho a este material que en el siglo XVIII conoce una época de esplendor, perfeccionamiento técnico y belleza sin igual.

Como materia prima el vidrio es bastante simple: está compuesto de sílice, una sustancia que se encuentra en la arena y en el cuarzo, que es un cristal de vidrio natural. El vidrio es, por lo tanto, un material duro pero frágil que en estado natural se presenta como traslucido o transparente. Para poder fabricarlo, es necesario hacer una mezcla de dos partes y media de sílice más una parte de fundente, que es otra mezcla de carbonato cálcico, que le aporta estabilidad, y de carbonato sódico que mejora la viscosidad  del material. Esta mezcla se lleva a una elevada temperatura que oscila entre los mil trescientos y los mil quinientos grados centígrados. En esta fase el vidrio adquiere una apariencia viscosa con un color entre el rojo amarillento y el rojo anaranjado y es en esta fase en la que el vidrio se va enfriando lentamente cuando se puede moldear y dar forma. Una vez se tiene la forma deseada, se continua el lento proceso de enfriamiento hasta que por fin se tiene la pieza con el aspecto que todos conocemos.

Se cree que el vidrio surgió hacia el cuatro mil antes de Cristo en Mesopotamia y Egipto para imitar a las piedras preciosas como la turquesa y el lapislázuli. En Egipto al vidrio se le conocía como piedra que fluye, y fueron los egipcios los primeros en fabricar los sofisticados hornos que se necesitan para la fabricación del vidrio. Los primeros hornos eran a cielo abierto usándose la técnica del refundido parta eliminar impurezas, es decir, fundían primero los carbonatos que dejaban enfriar para poder eliminar las impurezas y tritura y volver a fundirlo ya mezclado con la sílice. En la Edad Media aparecen los hornos de crisoles compuestos por ladrillos refractarios que soportan altas temperaturas que forman cámaras abovedadas que son alimentadas por leña. Estos hornos de crisoles se mejoran continuamente a lo largo del siglo XVIII con distintas innovaciones tecnológicas y la llegada del carbón como combustible.

En cuanto a las técnicas para la fabricación y la decoración del vidrio, hay que distinguir entre las técnicas con calor y las técnicas en frío. En cuanto a las primeras que se realizan cuando el vidrio está fusionado a altas temperaturas cabe destacar las siguientes:

##Fusión: a mil quinientos grados el vidrio se vuelve viscoso y por tanto maleable, apto para que se pueda moldear, crear diferentes formas y hasta ensamblar las distintas partes de la pieza.

##Soplado: técnica que como ya sabes fue perfeccionada en Venecia y Murano durante el Barroco. Consiste en insertar una gran vara metálica hueca en el vidrio fundido y soplar para crear burbujas en el vidrio y así darle la forma deseada, normalmente para crear vasos, copas y botellas.

##Colado: una vez el vidrio está en su punto de fusión con ese color rojo anaranjado se vierte en un molde, tal y como hacían los egipcios. Dentro del molde se pueden insertar otros materiales que enriquecerán la textura y el acabado de la pieza.

##Templado térmico: que consiste en enfriar rápidamente el vidrio para repartir las tensiones internas del material y así hacerlo más resistente.

En cuanto a las técnicas en frío destacamos:

##Corte o talla: una vez fría y solidificada la pieza, se corta usando una sierra con una punta de diamante.

##Grabado: la técnica más laboriosa de todas, consiste en realizar dibujos en el vidrio, mediante un pequeño lápiz con una punta de acero y polvo de diamante, con lo que se consiguen trazos precisos y muy lineales. También existe la técnica de grabado con ácido, sumergiendo la pieza en una mezcla de acido fluorhídrico y clorhídrico para darle un efecto mate. Si lo que queremos es mezclar las superficies mates y brillantes en la misma pieza se usa el chorro de arena para las zonas que deseamos mates y se protegen aquellas que queremos que permanezcan brillantes.

##Esmaltado: aplicación de una capa de polvo de cristal de plomo, goma arábiga y aceite o cera de abeja. Después hay que meter la pieza en el horno pero esta vez a una temperatura de seiscientos grados.

Finalmente, tienes que saber que los distintos colores del vidrio se lo aportan óxidos metálicos que se añaden a la pasta vítrea para que se fundan con la sílice, formando así esas delicadas tonalidades claras y transparentes. El óxido de hierro crea la tonalidad amarilla, el de manganeso da un tono violeta, el cromo forma el verde, el cobalto da el azul, el azul cyan lo da el cobre y el cadmio forma el rojo.

En España existió una de las mejores manufacturas reales dedicada a la fabricación de vidrio: la Real Fábrica de Vidrio y Cristales de La Granja de San Ildefonso en Segovia, creada bajo el reinado de Felipe V en 1727 y que vivió su época de mayor esplendor en la segunda mitad de dicha centuria bajo el reinado de Carlos III y Carlos IV. Durante estos años La Granja tuvo el monopolio de la venta de vidrio en Madrid y en todas las residencias reales, como el cercano Palacio de la Granja de San Ildefonso. Con una posterior decadencia, la fábrica cerró en 1963 quedando en abandono hasta que en los años ochenta se reutilizó para albergar el Museo del Vidrio.

Estos avances en las técnicas de fabricación y decoración del vidrio darán lugar a uno de los capítulos más hermosos de la historia de la joyería: la joyería rococó. Con una fuerte inspiración en las formas naturales de piedras y conchas marinas, de vegetales con líneas curvas y un toque femenino de elegancia y seducción, este tipo de joyas finas y elegantes suponen el culmen de las técnicas tradicionales de la joyería a las que hay que sumar los vidrios coloreados y esmaltados. La joya más cotizada y valorada fue el diamante, que se acompañaba de piedras preciosas y semipreciosas, pasta de vidrio finalmente trabajado, cristales de roca y otras variedades de pastas vítreas como la marcasita, que es un sulfuro silíceo con una tonalidad similar al oro.

En cada dedo de la mano no podía faltar un anillo de oro o plata profusamente decorado, y el cuello se adornaba con collares cortos que daban varias vueltas alrededor y en el centro aparecía un codiciado diamante o un elegante camafeo. En otras ocasiones y a modo de colgante las mujeres lucían las denominadas joyas de duelo, en homenaje a algún ser querido fallecido, que consistían en medallones con la imagen del difunto adornados con esmaltes, piedras preciosas y vidrios coloreados. Estas joyas de duelo lucían en colgantes, broches y brazaletes. Otra pieza muy popular de la época fue la chatelaine, joya multiusos que se fijaba a la altura de la cintura y que servía para reunir pequeños relojes, lápices, tijeras, en fin, todo lo que una dama de la alta aristocracia pudiera necesitar en cualquier momento.

Hay que resaltar los broches en forma de lazo o lazadas, que imitaban lazos de diferente grosor que se anudaban para crear elegantes y graciosas formas, donde no faltaban los diamantes y los esmaltes. Las mujeres se anudaban el cabello con otra pieza fundamental de esta época, las piochas, realizadas en oro y decoradas con diamantes, esmeraldas y gemas.

Para hacerte una mejor idea de cómo se engalanaban hombres y mujeres en el Rococó no te pierdas el siguiente vídeo que te hace un resumen de una de las mejores películas ambientadas en esta época, Las amistades peligrosas, de Stepehn Frears.

  1. La moda

La moda durante el rococó reflejó a la perfección el modo de vida del Antiguo Régimen, ese gusto desmedido por el placer, la elegancia y la coquetería, el refinamiento femenino elevado a su máxima expresión, los caprichosos complementos y esos peinados imposibles que paulatinamente fueron distanciando a la alta aristocracia del resto del pueblo hasta que inevitablemente estalló el conflicto y la Revolución Francesa de 1789 acabó de una vez por todas con ese mundo artificial de lujo y despilfarro. Bueno, en la teoría, en la práctica ya verás en el curso próximo cómo el lugar de la aristocracia lo ocupó la nueva adinerada burguesía y las cosas siguieron casi como hasta entonces.

Dos personalidades fueron el modelo que imitaron el resto de países y que volvieron a establecer a París como el centro mundial de la moda y las tendencias, y las Manufacturas Reales dedicadas a la confección de tejidos, bordados y brocados vivieron su época de máximo esplendor. Hablamos de Madame Pompadour, la culta y elegante amante del monarca Luis XV, y de María Antonieta, la hija de la gran emperatriz de Austria María Teresa y hermana de José II de Habsburgo, casada con el monarca Luis XVI con el que compartió el mismo trágico destino: morir decapitada en la guillotina.

 

Aquí tienes a estas dos señoras en espléndidos retratos luciendo  a la última en moda y complementos. Obsérvalas detenidamente y descubre cuáles son las características de esta nueva moda rococó. Fíjate en los vestidos, los peinados y el maquillaje, y piensa en tres o cuatro características que puedas observar.

La Ilustración.

El siglo XVIII es un momento en la historia lleno de contradicciones. Se suele presentar como la fase final del barroco—el rococó—y el desarrollo del neoclasicismo, que se suele interpretar como un movimiento opuesto al barroco. Sin embargo, es el siglo en el que aún los reyes franceses e ingleses practican el tacto real, es decir, en el que las monarquías mantienen su carácter sagrado, pero también es el siglo que verá decapitar al Luis XVI. En España, mientras tanto, los habsburgo ceden su puesto a los borbones y prosigue la decadencia, al menos exterior, de España, cada vez menos relevante en el ámbito internacional. El XVIII es el siglo de J. S. Bach, pero también el de Voltaire, el siglo de Catalina la Grande y del Incorruptible Robespierre, el Siglo de Luces lleno de sombras… Y es que la historia real es siempre algo diferente a lo que pensamos.

  1. El origen

Sin embargo, en el siglo XVIII europeo aparece la Ilustración, un movimiento intelectual que intenta renovar la sociedad  desde la perspectiva racionalista, el movimiento por  el que se define toda una época. “Siglo de las Luces” es el término que se comenzó a utilizar para hacer referencia a este momento. Las reformas sociales del momento luchan por la justicia y la libertad de los pueblos. La Revolución francesa acabó, al menos en apariencia, con la sociedad feudal, a la que aún hoy se le achacan todos los males.

  1. El marco político y social

En el siglo XVIII se produce una profunda transformación de la sociedad que finaliza con la Revolución francesa y la Independencia de los Estados Unidos. Se acaba así con el Antiguo Régimen y empezamos, en la historiografía española,  a hablar de la Edad Contemporánea.

Nos hemos referido al proceso al comienzo del tema: la Ilustración, que al decir de Kant es «la salida del hombre de su culpable minoría de edad», comienza a desarrollarse con fuerza en toda Europa. Sin embargo, no en todos los países pasarán por este proceso con la misma velocidad y profundidad. Quizás podamos decir que el Sacro Imperio (Alemania) y Francia son los representantes más cualificados del movimiento. Inglaterra había seguido desde el siglo XVI su propio camino; estas diferencias podrían sintetizarse en la oposición filosófica entre racionalistas y empiristas, que sólo con Kant, a finales del siglo XVIII, harán parcialmente las paces. Sin duda, el arranque del movimiento debe buscarse un siglo atrás, en la época de René Descartes. En Alemania será Leibniz el representantes más destacado del racionalismo, aunque incluso en el XVII se perciben en el Imperio Germánico tendencias irracionalistas, que posteriormente se desarrollarán en el Romanticismo. En las Islas, por su parte, encontraremos a J. Locke y a D.Hume como los más nítidos representantes del empirismo.

En cualquier caso, algo está cambiando, y lo hace a fondo, pues el movimiento cultural que conocemos como Ilustración lejos de ser una consecuencia de los cambios económicos y sociales, es motor de esos cambios. Así vemos cómo las monarquías absolutas van cediendo el paso al despotismo ilustrado cuyo lema «todo para el pueblo, pero sin el pueblo» indica con nitidez las intenciones de los detentadores del poder, que no pueden evitar que la burguesía comercial y financiera, cuyo poder real se encuentra en el dinero (banca, seguros) y en los intercambios no sólo comerciales, sino también financieros, la burguesía, digo, intente traducir su poder económico en poder político. Además, junto a la alta burguesía aparece una burguesía media (comercio, servicios) que asentada fundamentalmente en las ciudades contribuirá a los numerosos cambios que han de producirse a lo largo del siglo. Las monarquías tradicionales habían sustentado su poder en un fundamento religioso: la monarcas recibían su poder de Dios; pero éste, en crisis desde el XVII, tiene que ceder su puesto a la Razón (que será entronizada incluso como diosa durante la Revolución). Los juristas, abandonado el principio teológico, buscarán una nueva fundamentación a las monarquías, pero como se manifestará con rapidez parece que la diosa Razón no sostiene con fuerza a las monarquías, sino que más bien las deja caer de su pedestal; es decir, los burgueses que apoyan las tímidas reformas de los reyes acabarán exigiendo pasar a primer plano. Los ingleses ya habían hecho su propia revolución de matriz puritana y serán precisamente los puritanos, desembarcados en Virginia, los que acabarán fundando los EEUU (Declaración de Virginia): un país nuevo sin reyes, una república.

En este camino, lentamente, se abre en lo político el paso al liberalismo y a los derechos individuales, entre ellos, el derecho al voto (censitario: no olvidemos que los revolucionarios son también burgueses y no proletarios), pero al mismo tiempo estamos asistiendo a profundos cambios sociales: la desaparición del feudalismo y el nacimiento de las sociedades industriales, que supondrán una verdadera revolución por la aparición de nuevas clases. No debemos olvidar que a lo largo del siglo XVIII se incrementa tanto la producción agrícola (nuevos cultivos: patata, maíz) como industrial y se asiste a una mejora de las condiciones sanitarias, que se traducirá en un incremento de la población.

El siglo XVIII, last but no least, es un siglo formidable para la ciencia: el método experimental y la aplicación de las matemáticas provocarán una revolución no sólo en el mundo de las ideas, sino también en el de las formas de vida. Baste citar los nombres de Newton o Leibniz para mostrar los cambios que se anuncian. Ahora bien, el ideal científico—ideas claras y distintas, experimentación y construcción de hipótesis naturales—se reflejará también en el terreno del arte, que dará un giro en dirección opuesta al barroco para buscar en el Renacimiento esa claridad, que a veces, sin embargo, poco tiene que ver con la vida real. Claro que el rococó tampoco: se trata de un estilo de la aristocracia y para la aristocracia.

  1. La vuelta al Renacimiento y a los esquemas clásicos

Como hemos dicho, los cambios sociales, políticos y religiosos habían traído una nueva sensibilidad, que se expresará con lo que nosotros damos en llamar neoclasicismo. Sin duda, los «excesos barrocos»—y ese ápice al que nos referimos como rococó—contribuyeron al nacimiento de una no tan nueva sensibilidad estética, porque se trataba, en definitiva, de volver la vista atrás, como en el Renacimiento, a la Antigüedad Clásica para encontrar el modelo de arte racional de acuerdo con los presupuestos ilustrados. Sin duda, los descubrimientos arqueológicos (Herculano, Pompeya) contribuyeron al giro neoclásico. Por eso, también se puede entender este estilo como un volver al Renacimieno para, desde él, alcanzar las ideas claras y distintas de la Antigüedad. Un arte, en definitiva, que se quiere apolíneo y rechazará todo exceso. Quizás podamos hablar, si se me permite, de un arte zombi, porque en más de un sentido está muerto: se trata de imitar y en muchas ocasiones parece faltar todo calor de la vida, la confusión y la sobreabundancia de sentimientos. Sabemos ya que la Ilustración vio dos cumbres—la Antigüedad y el Renacimiento—: lo que quedaba entre ellas era, sencillamente, lo que estaba «en medio», es decir, la Edad Media, identificada con la oscuridad, la falta de mesura y el exceso. El barroco fue puesto en esa misma línea y representaba, además, el arte del detestable absolutismo.

Calle de Pompeya.

Imagen de Paul Vlaar  en Wikipedia. Licencia, CC.

Por eso no es de extrañar que la arquitectura y la escultura (en menor medida la pintura) buscarán retornar a los esquemas clásicos. Como la Grecia clásica había establecido la polis y como la Roma republicana instauró al ciudadano, ahora el arte quiere ser fuente de moralidad y ciudadanía. Fue el «arte verdadero», porque estaba al servicio de la república. Por lo tanto, este arte tiene conscientemente bastante de propaganda y pedagogía. De hecho, en el XVIII aparecen numerosas academias de bellas artes con la finalidad de formar a los artistas y desdibujar el aliento individual (como sabemos, contra las academias se acabarán rebelando los grandes artistas). Danton dijo de Robespierre que le gustaba tanto la guillotina porque no consentía ver ninguna cabeza sobre la suya; pues bien, las academias jugaron un papel parecido: nivelar y estandarizar los gustos y las ejecuciones. Y el canon propuesto era el de la Antigüedad griega y romana .

  1. El auge del orientalismo

En el siglo XVII y XVIII aparece una gran influencia orientalista en el pensamiento occidental. A ello contribuyen autores y filósofos como Leibniz, Hume, Schelling y Hegel. Leibniz, por ejemplo, tuvo un descubrimiento del mundo asiático en el momento en que Europa descubrió esta civilización. Trabajo denodadamente sobre China, incluso sobre su lengua.

Por otro lado, en 1664 la Compañía francesa de las Indias Orientales, también la alemana y la inglesa, acaba con el “monopolio” de españoles y portugueses comenzando la gran explotación de los territorios conocidos como indias orientales. Estas compañías se crearon para unir a los comerciantes que hacían negocios en Asia, se hicieron muy poderosas e incluso llegaron a ejercer cierta influencia política. Hubo también quienes se admiraron del arte y la cultura de estos lugares. No cabe duda de que todo esto tiene una enorme influencia en la Europa de estos siglos.

  1. Las características de la arquitectura

Como ya hemos comentado, Grecia y Roma son el origen del Neoclasicismo. Por tanto, se vuelve a algunos rasgos clásicos como las columnas, los frontones poblados de esculturas y la cúpula que se ha hecho insustituible.

Arquitectura neoclásica.

  1. La influencia de Palladio

Andrea Palladio (1508-1580) fue un arquitecto renacentista italiano conocido especialmente por algunas de sus obras como las villas, tratadas como verdaderos templos, aúnan a la perfección arquitectura y paisaje.

Precisamente son estos edificios los que más influencia han ejercido en la arquitectura que estamos tratando. Incluso se habla del “palladianismo” como un estilo autónomo que llego hasta finales del siglo XVIII. La obra de Palladio está inspirada en la arquitectura clásica, de ahí su enorme presencia en la arquitectura neoclásica. Su estilo comenzó a extenderse por Vicenza, la patria del arquitecto italiano, y de allí llegó a toda Europa y otras partes del mundo.

Ejemplo de ellos son las obras de Cristopher Wren e Iñigo Jones en el Reino Unido alrededor del siglo XVII, pues allí el Barroco se vivió de forma diferente al resto de Europa, con construcciones de estilo clásico.  En el siglo XVIII esta influencias se mantiene patente en Inglaterra y podemos nombrar algunos ejemplos como la Holkham Hall en Norfolk en la que encontramos todos los rasgos de Palladio como pórticos, frontones y entablamentos.

En Estados Unidos es conocido el interés del presidente y arquitecto, Thomas Jefferson, por la obra de Palladio. Todo ello se hace obvio en el diseño de La Rotonda que hizo para la Universidad de Virginia en la que, por supuesto, se atisban rasgos y conceptos del arquitecto italiano.

La Rotonda, Universidad de Virginia.

Imagen de Horatius (talk | contribs) en Wikiedia. Licencia, CC.

La Casa Blanca de Whasington diseñada por James Hoban es también claramente de influencia palladiana y un ejemplo de arquitectura neoclásica en su facha sur.

  1. El estilo imperio

Entendemos por estilo imperio el momento en que se produjo la enorme transformación de París durante el Segundo Imperio. Hablamos de entre 1852 a 1870, cuando Napoleón III estaba al frente del poder en Francia.

París era aún una ciudad medieval aunque había crecido enormemente, por lo que se hacía notar la congestión del tráfico y ciertos problemas de higiene. Las primeras obras comienza con Napoleón I, por ejemplo, la construcción de la rue de Rivoli,  pero fue con Napoleón III con el que se llevaron a cabo las obras más importantes: la construcción de las grandes avenidas para dar acceso al tráfico de la ciudad. Además, se quería dar imagen de gran ciudad europea, con enormes espacios y lugares simbólicos. Para ello Napoleón III encarga al prefecto de París, el barón Haussmann, un gran proyecto que acabé con la ciudad medieval.

Bulevar de Sebastopol.

Imagen de Thierry Bezecourt en Wikipedia. Licencia, CC.

Como decíamos, se crearon grandes avenidas y bulevares para aligerar el tráfico, conectar las estaciones de tren (en época más avanzada) y crear espacios para el paseo burgués. Las murallas medievales se derribaron y se crearon algunas tramas urbanísticas y grandes zonas verdes. Los edificios también modificaron su tipología, la altura se hizo uniforme y los estilos eclécticos.

Las grandes estaciones de tren también se construyeron en este periodo: Gare du Nord y de Lyon; además de algunos monumentos la Ópera de Garnier.

  1. Las grandes obras

La arquitectura neoclásica tiene su epicentro en Francia aunque se dieron grandes obras arquitectónicas en buena parte de Europa y Estados Unidos.

Empecemos por Francia, como decimos, el centro y la cuna de este estilo. Aquí llama especialmente la atención la iglesia de la Magdalena que fue ordenada construir por Napoleón como homenaje al gran ejército francés.  Es muy fiel a los cánones clásicos, de hecho, puede ser considerada un templo corintio, con clara inspiración del Maison Carée de Nimes. Guillaume Couture realiza los planos y es construida por Pierre Contant d’Ivry con una interrupción importante debido a la Revolución Francesa.

de la Magdalena.

Imagen de Jebulon en Wikipedia. Licencia, CC.

En España el estilo Neoclásico tiene algo más de resistencia debido al peso que ejerció el Barroco en nuestro país. Aun así, se dan algunas grandes obras arquitectónicas durante este momento, por ejemplo, el Palacio de Congresos que comenzó a construirse en 1843. El arquitecto de este edificio fue Nicolás Pascual y Colomer quien construyó una fachada con ciertos recuerdos renacentistas y un enorme pórtico corintio con frontón. Este pórtico junto a la escalera de acceso es lo que más llama la atención de este edificio flanqueada por los famosos leones de Ponciano Ponzano.

Palacio de Congresos.

Imagen de Luis Javier Modino Martínez en Wikipedia. Licencia, CC.

En Estados Unidos el Capitolio de Washington se encuentra entre las grandes obras del Neoclásico. Fue terminado en 1800 y diseñado, en primer lugar, por William Thornton, más tarde, participaron en su construcción Benjamin Henry Latrobe, Charles Bulfinch y Thomas U. Walter. Llama especialmente la atención su enrome cúpula y los dos anexos a cada uno de los lados. La Rotonda es el centro del Capitolio y en ella se encuentra una gran colección de arte. Arriba de ella se encuentra la majestuosa cúpula, muy elevada y sobre un doble tambor. En el edificio se puede ver la influencia del Neoclásico europeo como las obras parisinas más arriba comentadas y, por supuesto, edificios de la Antigüedad clásica como el Panteón de Agrippa.

Capitolio de Washington.

Imagen de Noclip en Wikipedia. Licencia, Dominio público.

  1. La vuelta del espíritu de la escultura griega

En el siglo XVIII conviven en Europa modelos filosóficos y sociales antiguos con otros que quieren una renovación de la sociedad y la cultura.  Se lucha por algunos valores que se obtuvieron con las revoluciones: la ciencia, la filosofía, como fundamento de la igualdad y la libertad, y el progreso técnico.

No podemos señalar un estilo como único en esta época pues conviven  el Rococó, el Noeoclasicismo y el Romanticismo; pero es el segundo el que reúne las características que hemos comentado: mirar al pasado (Grecia y Roma) para buscar una nueva representación.

  1. Características: la sensualidad y el dinamismo

Como ya hemos comentado, el descubrimiento de Pompeya y Herculano y la expansión de Europa por Oriente pone de moda los rasgos del arte antiguo, sobre todo, Grecia y Roma.  También aparece en 1764 la primera Historia del Arte de Winckelmann, es decir, nace una nueva disciplina que se encargará de estudiar el arte a lo largo de la Historia y que sostiene la importancia del arte clásico en todo el arte posterior.

Grecia es el  modelo para la escultura y se comienza a despreciar el Barroco, pues se encontraba lejos de la Razón (nos encontramos en la época de la Ilustración). El arte neoclásico repite los  modelos clásicos, imita la escultura, por ejemplo, con la utilización del material. Aquí son fundamentales las reproducciones y grabados de las ruinas romanas y griegas que comenzaron a difundirse por toda Europa gracias a los viajeros que recorrían estos lugares.

La escultura huye de la exageración y el recargamiento barroco: la expresividad es más contenida, incluso puede dar la sensación de fría, no da la sensación de movimiento, se quiere que la escultura sea tal y no algo que parezca cobrar vida de un momento a otro. El desnudo se vuelve fundamental, con cierta sensualidad jamás excesiva; también se continúa con el retrato como forma de exaltar la figura de algún personaje de la época y aparecen las esculturas funerarias destinadas a mausoleos.

Esta temática y características, de manera rápida, comienza a mezclarse con la estética romántica que introduce ciertos rasgos novedosos como la sensibilidad y el interés por lo patético y lo heroico.

  1. Italia: Antonio Canova

En escultura Canova ocupa el lugar más importante dentro de este periodo, es en él, donde podemos consolidar lo que comentábamos más arriba: el solapamiento de estilo en este momento.

Antonio Canova era veneciano e  hijo y nieto de canteros; desde muy joven comienza a trabajar con la piedra, de la que llegó a tener un gran dominio. Su evolución fue imparable a lo largo de su vida, hasta conseguir cierta perfección que pone al servicio de su trabajo.

Canova exalta la belleza física y sensual del cuerpo humano, no copia con exactitud los modelos clásicos, si no que le da cierta melancolía a sus personajes. Su interés se orientó a la perfección ideal, no aceptaba la irregularidad o lo defectuoso; buscaba siempre la limpieza y sobriedad. Un ejemplo de ello es Paulina Bonaparte como Venus Virtuosa que según Valeriano Bozal: “la luz que el blanco marmóreo refleja, la luz de sus dioses, héroes y bellas figuras no es suficiente para contrarrestar la sombra de esa sacral atemporalidad laica en que están envueltas.”

La temática de Canova es variada: desde monumentos funerarios como la tumba para Mª Cristina de Austria (donde aplica los valores estéticos del  momento) a trabajos mitológicos y retratos como el que acabamos de ver. Es cierto que no desarrolló en exceso la temática religiosa católica, a pesar de ser un hombre religioso.

Entre sus obras más conocidas se encuentran Amor y Psiquis se abrazan (1787-1793) pues invita al espectador a rodearla para poder contemplarla desde todos los puntos de vista. Lógicamente llama la atención la cruz que forman los dos personajes, cierto erotismo contenido y el punto de vista que centra en los labios de ambas figuras. Las tres gracias es otro ejemplo mitológico y panorámico.

  1. Dinamarca: Bertel Thordvaldsen

El otro escultor que destaca al lado de Canova es el danés Berthe Thordvaldesen (1770-1844)  quien se formó en Italia donde pudo contemplar las obras clásicas del pasado romano. Allí adquirió un gran renombre y fue bastante prolífico pues contó con una gran demanda de trabajo.  Viajó en varias ocasiones a Copnehague donde también recibía encargos,lugar donde finalmente murió. Siempre estuvo interesado por el equilibrio, la simetría y la serenidad algo que podemos contemplar en Jasón con el vellocino de oro o en Ganimedes con el águila de Júpiter.





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