“La tecnología es el presente y el futuro y hay que aprender a usarla correctamente”

Román Rodríguez / Conselleiro de Cultura, Educación y Ordenación Universitaria


El Conselleiro durante la entrevista con el alumnado de 1º de ESO del IES Rosalía de Castro en su despacho de la Xunta de Galicia en San Caetano.

Román Rodríguez González (Vento-Lalín, 1968) es profesor titular del Departamento de Geografía de la Universidad de Santiago y actualmente Conselleiro de Cultura, Educación y  Ordenación Universitaria de la Xunta de Galicia. Nos recibió en su despacho del edificio de San Caetano en Santiago de Compostela una tarde del mes de junio. Es muy cercano y amable.

-Ya que en la actualidad se utilizan las nuevas tecnologías, tanto en el trabajo como a nivel personal, ¿qué aspectos positivos y negativos le ve al uso de Internet y de las nuevas tecnologías en las aulas? El bullying sale mucho en los medios.
-Las nuevas tecnologías no son ni buenas ni malas en sí mismas. Históricamente, el hombre comunicó el conocimiento a través de diferentes medios. Inicialmente era sobre tablillas; posteriormente se inventó el papel; posteriormente se inventó la imprenta; ahora estamos en la era de internet. Nos guste o no nos guste, pues, el futuro, nuestro futuro, es un futuro que se va a basar fundamentalmente en las nuevas tecnologías. Vosotros mismos tenéis unos terminales informáticos y telefónicos que tienen muchísimas aplicaciones. Lo que tenemos que hacer es utilizar bien los dispositivos y la tecnología que la sociedad pone a nuestro alcance para sacarle un rendimiento educativo y para poder aprender cosas. Cualquiera de vosotros tenéis [móviles]. ¿Son vuestros o de vuestros padres?

-No, nuestros.
-¿Vuestros? ¿Ya os compraron teléfonos? Lo que me espera a mí. Yo tengo un niño de 11 y otro de 8.
Aquí tenéis, por ejemplo, cartografía. Podéis utilizar la información que os suministra vuestro terminal informático, vuestro terminal telefónico como una herramienta para tener cartografía, para estudiar climatología; podéis consultar temperaturas, podéis ver los husos horarios en diferentes partes del mundo, entender el sistema de rotación de la tierra en base a esa información. Tiene muchas aplicaciones. Lo que no podéis es utilizarlo mal. Porque si se utiliza mal, obviamente puede haber bullying, puede haber un uso que genera efectos perversos en vuestra educación. Ahora la tecnología es el presente, es el futuro y cada vez lo va a ser más. Lo que tenéis que hacer es utilizarlo correctamente.

-¿Qué se necesitaría para que el profesorado se animase a usar más las nuevas tecnologías en las aulas? ¿Qué está haciendo la Consellería para mejorar esto?
-Sabéis que en muchas aulas ya se está trabajando con el Proyecto Abalar. ¿Vuestro centro es Abalar?

-Sí.
-Entonces ya sabéis lo que se está usando. Ahora mismo todas las aulas del sistema público, a partir de 5º de Primaria, van a tener un ambiente digital. Es decir, van a tener una gran pantalla digital, van a tener proyectores, va a haber wifi en todas las aulas para que se puedan utilizar las nuevas tecnologías e internet. Es cierto que hay algunos profesores que lo utilizan como herramienta didáctica y otros, no todos sino una minoría, son más reacios, por tradición o por modo habitual de hacer las cosas, a utilizar las nuevas tecnologías. Pero en el futuro, ya en el presente cada vez más, los profesores van a tender a utilizar las nuevas tecnologías como una plataforma de apoyo al aprendizaje porque facilitan mucho la tarea docente. Es cierto que a veces hay reticencias, hay dificultades, hay modos de hacer las cosas por parte del profesorado que son difíciles de cambiar. Pero yo creo que entre todos, entre que las tecnologías cada vez son más sencillas y que cada vez más el proceso de aprendizaje tiene herramientas informáticas, yo creo que progresivamente llegará un momento -que esperemos sea lo más rápido posible- en que la tecnología sea un pilar básico de la escuela como lo es el papel y el boli.

-En varios centros de Cataluña el próximo curso se va a realizar un proyecto en el que los niños no van a tener ni asignaturas ni exámenes en la escuela. ¿Qué le parece este sistema de enseñanza? ¿Sería posible en un instituto como el IES Rosalía o en cualquier otra escuela de Galicia?

-Eso que me estás planteando es muy interesante y tiene una explicación compleja. Es lo que se llama el aprendizaje por proyectos y para poder aplicarlo tiene que ser ya en determinados cursos, cuando el alumnado sabe ya ciertas cosas. Aquí ya se está haciendo, fundamentalmente en Infantil y Primaria. Hay muchas experiencias. Lo que se plantea en este modelo es que en base a un proyecto seamos capaces de volcar aprendizaje. Os voy a poner un ejemplo: la Unión Europea. ¿Sabéis lo que es la Unión Europea?

-Sí.
-Entonces vosotros cuatro vais a trabajar sobre un proyecto que es la Unión Europea. Tú [a Manuel] vas a hablar de la geografía de la Unión Europea.  Tú [a Juan] vas a hablar de la historia, de cómo se va conformando la Unión Europea desde los años cincuenta, posteriormente a la Segunda Guerra Mundial; cómo se va formando, cómo va evolucionando. Tú [a Sergio] vas a hablar de la economía de la Unión Europea: dónde hay zonas industriales, zonas turísticas, zonas agrarias . Y tú [a Laura] vas a a hablar de las infraestructuras de la Unión Europea o de cómo está organizado el territorio de la Unión Europea. Entonces, cada uno de vosotros puede, en base a ese punto central, ir acumulando diferentes áreas de conocimiento que conocéis en el aula. Pero, claro, aquí hay una cuestión previa. Para que tú puedas hablar de geografía, tú de historia, tú de economía y tú de infraestructuras previamente tenéis que tener el conocimiento de esas cuestiones. Con lo cual tenéis que tener un conocimento y un desarrollo curricular del corpus de conocimiento previo. Lo cual es muy interesante, pero exige que se mantenga el aprendizaje -lo podemos denominar- más tradicional para que vosotros tengáis las herramientas y los conocimientos necesarios para después poder integrarlos en un proyecto educativo sobre la Unión Europea o, imaginémonos, sobre el mar: el efecto del mar en el clima,  el efecto del mar en la economía,  el efecto del mar en el relieve, el efecto del mar en cualquier otra cuestión.

-Pasando ahora a la organización en el Rosalía: En los cambios de clase, los niños andan un poco apresurados porque no les da tiempo de llegar a la siguiente sesión, sobre todo si tienen que cerrar y recoger los ordenadores o volver de clases como plástica, música o educación física. ¿Cómo se podría mejorar esto? ¿Es posible organizarse de otro modo, como el que vemos en las películas americanas con taquillas en los pasillos? Además, un niño no debería llevar en su mochila una carga superior al 15% de su peso corporal y los libros de texto y los cuadernos pesan más y no se pueden dejar en el aula.
-Esa es una pregunta que me haces muy difícil. Yo no conozco vuestro centro. Yo sé que es un centro de referencia en Galicia en muchas cuestiones: es un magnífico centro, hace muchas actividades y tiene un buen nivel educativo. Obviamente, vuestro centro, que es un edificio histórico, también tiene algún problema funcional porque hay unos grandes pasillos, hay unos claustros y, a veces, pueden surgir esas cuestiones. Yo trabajo en un edificio parecido al vuestro, en la Facultad de Geografía e Historia, en Mazarelos. Pues es lo mismo: es un magnífico edificio histórico pero que a veces para moverse dentro de él tiene sus limitaciones.
Los libros, el peso de los libros es un problema. También es cierto que cada vez más se están utilizando libros digitales en muchas ocasiones. Se está avanzando en eso, en el libro digital, que antes no lo comenté. Ahora mismo en Galicia tenemos ya 2.500 alumnos con libros digitales. Queremos llegar a 7.000 este año, queremos llegar en el 2018 en torno a 30.000 niños con libros digitales, con lo cual el peso va desapareciendo. Respecto a las taquillas, yo creo que en vuestro edificio, en vuestros claustros no quedarían bien las taquillas. No os dais cuenta de lo privilegiados que sois estudiando en un edificio así, porque estáis estudiando dentro de la historia, estáis estudiando en un edificio con un valor patrimonial e histórico enorme. Con lo cual tiene que compensar una cosa con otra.

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Además de la conversación en el despacho, el Conselleiro envió por escrito respuestas al resto del cuestionario que teníamos preparado.

-Denos su opinión sobre el uso de los libros de papel o de tablets u otros dispositivos digitales en las escuelas y explíquenos por qué piensa así.
-En este momento estamos empezando a introducir los libros digitales en las aulas dado que, como os decía, pensamos que el material digital ofrece nuevas y amplias oportunidades. Además, las experiencias de los centros educativos nos están demostrando que puede haber un uso paralelo y complementario de libros digitales y de material impreso: libreta, cuadernillos, manuales de consulta.
Pienso que es útil e interesante combinar ambos formatos, ya que es necesario que se aprenda a utilizar las nuevas tecnologías en la escuela, pero no podemos olvidarnos de las posibilidades de las enciclopedias, de los libros de texto…

-En las aulas, además del encerado, hay una pantalla digital. ¿Cree que debería desaparecer el encerado de tiza?
-Al igual que en el caso de libro digital/libro papel, pienso que ambos formatos son útiles y tienen algo que aportar en la clase. No creo que sea cuestión de sustituir una herramienta por otra, sino de combinarlas, aprovechando sus posiblidades.

-¿Qué le parece que tengamos “Proyecto Abalar” en las clases de 1º y 2º de ESO? ¿Cómo ha cambiado el modo de aprender del alumnado en Galicia con la introducción de las nuevas tecnologías?
-El Proyecto Abalar supuso un importantísimo impulso a la digitalización de las aulas gallegas. No cabe duda de que ese proyecto marcó un antes y un después en Galicia en lo que se refiere al uso de las nuevas tecnologías como herramienta didáctica; es decir, a que los alumnos puedan hacer ejercicios interactivos -que muchas veces son más atractivos que los clásicos-, que puedan consultar contenidos multimedia para enriquecer las lecciones, etc. Esto contribuye también a la alfabetización digital del alumnado; es decir, a enseñarles -por ejemplo- como buscar información en internet, aprendizaje fundamental en la sociedad actual.

-En nuestro centro pocos profesores utilizan los ordenadores de Abalar. ¿Por qué cree que pasa esto?
-Uno de los elementos diferenciales del Abalar fue precisamente que no sólo se pusieron ordenadores en las aulas, sino que se acompañó de acciones de formación del profesorado y de las familias para utilizar todo el potencial del programa.
Obviamente después es una opción personal que los profesores utilicen o no el material, pero lo importante es que el alumnado aprenda con él.

-¿A usted le parece que las escuelas necesitarían más recursos o que tal y como están ahora están bien? Si hacen falta más, indíquenos cuáles y por qué.
-Evidentemente a nosotros nos gustaría poner en los centros todos los recursos posibles. Por lo tanto, creo que estamos en un buen punto en lo que se refiere a la dotación de los centros educativos. No podemos olvidar que una mayor cantidad de ordenadores no tiene por qué significar necesariamente mejor formación, de ahí que hayamos optado por un completo programa de formación como clave para el éxito del Abalar.

-Ya que nuestro instituto, el Rosalía, es un instituto plurilingüe, ¿de qué manera favorecen las nuevas tecnologías el aprendizaje de idiomas?
-Lo favorecen partiendo de las enormes posibilidades que ofrecen para el uso de recursos multimedia: vídeos, sonidos, ejercicios ‘online’… que constituyen herramientas muy útiles para el aprendizaje de lenguas.

-Internet permite la conexión a todas horas. Fuera del horario escolar, ¿los alumnos deben poder contactar con el profesor para resolver dudas? ¿Qué opinión tiene de los deberes escolares?
-Las tareas extraescolares son, desde mi punto de vista, útiles para reforzar y fijar los conocimientos, siempre y cuando permitan a los alumnos también tener tiempo de ocio. Creo que también hay que marcar los tiempos y los espacios: si uno alumno tiene dudas, puede anotarlas y preguntárselas al día siguiente al profesor en el centro educativo. La conexión permanente no es productiva, ya que no permite el descanso necesario para ambas partes.

-¿Le parece bien que los exámenes se hagan en ordenador o le parece mejor que se hagan por escrito? ¿O le parece posible que no haya exámenes?
-En este momento los exámenes son el instrumento de evaluación más extendido y habitual, lo que no implica que no se puedan hacer otro tipo de evaluaciones. Si se hacen en papel o por ordenador es ya más una cuestión de funcionamiento de cada profesor o de cada centro educativo que algo que tengamos que marcar desde la Xunta.

-Volviendo a la propuesta de escuela nueva en Cataluña. ¿De qué manera cree que debería haber un tiempo en la escuela dedicado a los valores como el respeto y la empatía y qué papel tendrían ahí las nuevas tecnologías?
-En los nuevos temarios, adaptados a la nueva Ley de Educación (LOMCE) introducimos todos esos valores de forma transversal. Es decir, promover valores como el respecto a la diversidad, la solidaridad, etc, no debe ocupar un tramo del horario de las clases, sino estar presente en todas las materias, en todo el temario, como una actitud ineludible en el aula. Eso es lo que estamos intentando.

-Si no hubiera aparecido Internet, ¿cómo de diferente cree que sería el sistema educativo con respecto al de ahora?
-Pienso que, en general, no podemos imaginarnos cómo funcionaría hoy el mundo sin internet. Probablemente habría surgido otro sistema similar, con herramientas y oportunidades similares. Realmente no podremos saberlo nunca, pero creo que internet es un hito muy significativo y positivo en nuestra evolución histórica como sociedad.

-Por último y mirando al futuro, con la integración de las nuevas tecnologías en las aulas, ¿cómo cree que será la escuela dentro de 10 o 20 años?
-Al igual que no podemos imaginar cómo sería el mundo sin internet, no puedo o no me atrevo a hacer una estimación de cómo puede ser la escuela dentro de 20 años.

“La primera apuesta de los premios es que hay que tener sueños y hay que intentar llevarlos a cabo”

Ubaldo Rueda / Director del IES Rosalía y responsable de la organización de los Premios San Clemente

El director en el aula de 1º de ESO C durante la entrevista con (de izq. a der.) Marta Martínez, Juan Garrido, Niyara Pampín y Alexandre Soto. / A. S.

Juan Garrido López
Marta Martínez Blanco
Niyara Pampín Rivas
Alexandre Soto Rodríguez

SANTIAGO / SCQInfo

Ubaldo Rueda Soto es el director del instituto Rosalía de Castro de Santiago de Compostela. Él es uno de los organizadores de los Premios San Clemente y ha compartido sus recuerdos y su experiencia con la clase de 1º de ESO C al completo.

-¿Quién tuvo la iniciativa del premio? ¿Cómo recuerdan los momentos iniciales?
-La iniciativa la tuvieron conmigo dos profesores que están todavía en el instituto: uno es un profesor de matemáticas, Francisco López Piñeiro, y la otra es Maribel Martín, también de matemáticas. A veces pensamos que los profesores de matemáticas no leen y sí, también leen. Los primeros momentos fue más bien compartir la idea, la ilusión, no parecía para mucha gente que la idea pudiese realizarse. Nosotros curiosamente desde el primer momento creímos que era posible y que se iba a consolidar. La realidad fue así. Incluso el primer premio, cuando les comentamos a los medios de comunicación que dentro de tres días se iba a entregar el Primer Premio Arzobispo San Clemente y que iban a venir Vargas LLosa, Suso de Toro y Tariq Alí, que es un escritor pakistaní afincado en Londres. No lo creían; decían que era un cuento que no se iba a hacer realidad.

– El premio surgió en las Semanas Temáticas. ¿Qué aspectos de estas quería mejorar y de qué modo? ¿Hubo alguna persona o institución que apoyase firmemente el proyecto a pesar de las dificultades que presentase la idea?
-Las semanas temáticas eran unas semanas que organizábamos en el instituto cada año sobre un tema muy concreto: sobre los derechos humanos o el muro de Berlín y a las que vino, por ejemplo, Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista, el embajador alemán del momento….. Lo que queríamos era poder debatir de temas de actualidad.
¿Por qué decidimos hacer otra cosa? Para buscar una actividad permanente y en la que los alumnos fuesen los auténticos protagonistas. El proyecto San Clemente, si pregunto dirán que es una apuesta por la lectura. Sí. Pero sobre todo es una apuesta por los sueños: compartir un día de nuestra vida con el mejor escritor del momento en lengua gallega, castellana o extranjera parece un sueño imposible pero si además decimos que un alumno va a formar parte del jurado, que decida quién es ese autor, parece aún más un sueño. Esa es la primera apuesta: hay que tener sueños y hay que intentar llevarlos a cabo. El mensaje es eso. En el instituto se puede hacer, vosotros también podéis hacerlo.

-¿Cómo reaccionaron los primeros escritores en ser premiados? ¿Hubo alguno que reaccionara de un modo especial?
-Es una buena pregunta, pero también se la tenéis que hacer a Suso de Toro, que fue el primer premiado. Los que menos creyeron en el premio en un primer momento fueron los escritores gallegos: “Esto es una tontería del Instituto Rosalía de Castro”. Sin embargo, los extranjeros estaban muy sorprendidos, empezando Mario Vargas Llosa. Cuando le dieron la noticia no se lo creía: “¿Cómo es posible que a mí me elija un jurado de diecisiete años? No sucede generalmente. Si el jurado es gente muy mayor, de setenta años o más, tal vez. Pero, poco a poco, el primer año vienen escritores muy importantes; el segundo año viene un escritor muy de moda, Javier Marías, y otro, un sueco, Jostein Gaarder, que hizo una novela con un éxito espectacular, filosófica, “El mundo de Sofía”; y después, el tercer año, Saramago, que acaba de recibir el Premio Nobel y es nuestra consagración. La primera reacción es sorpresa por el jurado: “¿Cómo se le va a ocurrir a un instituto tener a un jurado de diecisiete años?” No les parecía creíble. ¿Cómo se le iba a ocurrir a un instituto tener una idea así? Poco a poco la tarjeta de visita de los escritores premiados era muy amplia y, como decía Vásquez, escritor del momento, colombiano premiado este año, que estaba soñando con recibir el premio San Clemente pues hoy es un premio que en el mundo cuenta con escritores muy importantes: Premios Nobel, como Saramago y Vargas Llosa, Príncipe de Asturias, como el americano Paul Auster, y algunos Cervantes también.

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-Durante las primeras ediciones, ¿la participación de los alumnos fue inmediata o se tardó en formar jurados con un amplio número de alumnos?
-El problema del jurado siempre es complicado. Hay otros países que tienen algún premio en el que los alumnos son jurado, como en Francia, el Goncourt des Lycéens, pero el debate siempre es, en un premio de este tipo, serio. Todos los alumnos desean participar, ¿o no? [Pregunta a toda la clase]. La decisión que se tomó fue hacer una selección de alumnos, dos alumnos, por cada una de las tres secciones (lengua gallega, castellana y extranjera), apasionados por la lectura que representasen a todos los alumnos del instituto. Hay otros cuatro institutos que participan, uno por cada provincia gallega. La decisión fue que el premio tuviese una seriedad total y no hacer que una clase vote y que lo lean nada más que tres o cuatro. Lo que sucedió es que muchos alumnos se fueron ilusionando con el premio y llegó un momento en que el alumnado casi se pega por ser jurado o por participar en el acto o en la cena que hay después en el Hostal de los Reyes Católicos, a la que asisten cerca de cuarenta alumnos.

-¿Hubo algún momento durante la historia del premio en el que creyeron que este podría desaparecer? Si las hubo, ¿cómo se resolvieron las dificultades?
-Nunca pensé que pudiese desaparecer, pero hubo momentos en los que tuvimos dificultades para traer a algún escritor: Murakami, Pérez Reverte… Pero, aunque uno pudiese fallar, no iba a ser motivo suficiente para que el premio desapareciese y alguno, como Julian Barnes, vino con cinco o seis años de retraso por el fallecimiento de su mujer. Pero el miedo a que desapareciese, no; aunque el miedo a que algún escritor pudiese no venir, el mismo que el primer día. Puede ocurrir que algún año premiemos a algún escritor y no seamos capaces de convencerlo para que venga. Este año hubiésemos preferido que fuesen entregados en enero o febrero, pero ellos no podían y les dijimos que diesen otra fecha. Uno no puede renunciar ante la primera dificultad.

-¿Cuáles fueron los principales obstáculos a los que se han enfrentado a la hora de organizar la entrega de los premios?
-No hay mayores dificultades. Son vuestros compañeros los protagonistas y muchos los alumnos que actúan e incluso a veces los espectadores se desesperan porque el acto se hace demasiado largo, pero yo siempre apuesto porque sean los alumnos los que actúen y estén satisfechos. Si habéis ido al acto, intentamos que sea una organización muy seria, como si fuese un auténtico Premio Nobel. Se da la palabra, primero hay un alumno que lee el acta y otro que presenta la obra del escritor. Finalmente, el escritor va a contestar a este acto de entrega con una intervención de un cuarto de hora. Por ejemplo, este año Joël Dicker nos contó cómo había sido su vida de escritor, cómo fue de fracaso en fracaso, hasta que consiguió que le editasen un libro. Cada uno intenta, en su estilo, transmitir algo.

-¿Qué momentos recuerda con más cariño?
-Quizás la estancia aquí de Saramago. Estuvo varios días aquí para ir al funeral de un escritor gallego, Torrente Ballester, y entregó los tres mil euros del premio para que se crease una pequeña biblioteca que lleva su nombre en el barrio de Vite. Fue muy entrañable porque el escritor gallego que recibió el premio, Gonzalo Navaza, había sufrido un accidente terrible. Vino al premio cojeando, muy emocionado. Contó la historia: “Tuve un accidente terrible, estuve a punto de morirme y la primera noticia positiva que recibí fue el premio San Clemente”. Habló llorando, Saramago lo abrazó… Fue en la cuarta edición.

¿Qué reacción se produjo al saberse que Vargas Llosa, José Saramago, Paul Auster o Murakami acudirían al instituto para recibir el premio? ¿Cómo ha sido la repercusión del premio en los medios de comunicación y qué importancia ha tenido?
-Cuando supimos que venían estábamos plenamente convencidos de que la idea era muy buena y que iba a tener éxito. Esto tiene que suceder en cualquier proyecto que tengáis: soñarlo y estar plenamente convencidos y decir que esto va a ir adelante. En los medios, al principio, no parecía creíble. En Galicia se fue consolidando y a nivel del resto del Estado, primero, curiosamente fue Cataluña la que sacó la noticia del premio. También porque los editores catalanes creían mucho en este premio desde el primer momento. Este último premio tuvo una página entera en las páginas culturales del ABC y seis veces ha salido en El País y un programa de la Cadena SER nacional, no de Santiago, se realizó en el instituto para entrevistar a Henning Mankell, un escritor sueco de novela policíaca.

-¿Qué significa para usted el poder organizar un acto al que acuden escritores de fama internacional?¿Es lo mismo que al principio?
-Cada uno supone un placer distinto. El primero y más importante es ser capaz de acercarles a los alumnos lo que puede ser un sueño y embarcarse en esta historia; esa es la mayor satisfacción. Y ver que para mí y los que empezaron conmigo era un sueño casi solo nuestro y hoy es un sueño con todos. Lo segundo son los dos días que están aquí: los recojo en el aeropuerto, los llevo… y mientras tanto ocurren anécdotas y cosas curiosas; los conoces y compartes experiencias con ellos. Estoy pensando, por ejemplo, en Pérez Reverte que, cuando se marchaba, cogió el tren en la estación. Estábamos tomando un café y hablamos; me contó sobre su próxima novela, “Hombres buenos”, y, de pronto, se le acerca un hombre que estaba allí y le dice que no le había gustado nada su última columna en la prensa, -porque él también escribe en él periódico-, y Reverte le contesta: “Bueno, a lo mejor tiene usted razón. Mire, el otro día hable sobre el pasteleo de los políticos y ahora toda la gente de hostelería está enfadada conmigo porque dicen que me metí con ellos”. Y anécdotas de estas tengo a montones. Incluso la preocupación que tienen algunos escritores de saber cómo era el que vino antes que él, qué opiniones tenía… Me acuerdo de que Álvaro Pombo estaba muy preocupado de saber cómo era Paul Auster y qué quería . Esa curiosidad de saber cómo eran otros escritores. Y casi todos se marcharon muy felices porque para ellos es una sorpresa. No estan acostumbrados de sentarse dos horas en una mesa con alumnos de 15, 16 y 17 años. Entonces, para ellos es una total sorpresa. Unos lo llevan muy bien y otros no están acostumbrados a relacionarse con gente tan joven. Cuando se marchan me da la sensación de que se van como que han cumplido su compromiso, han abandonado todo lo que tenían y han estado con nuestros lectores.

-¿Cómo creen que se está consiguiendo promover la lectura entre los alumnos gracias a este premio?
-Se está consiguiendo. Sobre todo en 3º y 4º de la ESO, 1º y 2º de Bachillerato. Yo creo que habría que promocionarla más. Pienso que todos los alumnos del instituto tendrían que leer los libros de los premios San Clemente. Cuando creamos el premio decíamos: ¿Existe lo que se llama una literatura juvenil? Yo llegué a la conclusión de que no y os voy a explicar por qué. Muchas de las obras que los alumnos eligieron, como la de Saramago, eran obras muy difíciles, lo que quiere decir que existe buena y mala literatura, pero no literatura de jóvenes y de adultos. Yo creo que a cierta edad todos tienen que leer buena literatura.

-¿De qué modo creen que el esfuerzo hecho por su parte y por la de los alumnos ha sido recompensado?
-Muchísimo. El placer de compartir dos o tres días con los mejores escritores del mundo y hablar con ellos, tanto yo como los alumnos y los profesores, nos deja un placer inigualable.

-¿Qué piensan qué sienten los autores al recibir un galardón como éste?¿ Cuales han sido las reacciones más curiosas hasta ahora y por qué?
-La reacción de ellos es sorpresa. Me acuerdo de Pérez Reverte, que llegó y no quería compartir nada con nadie. No sabíamos la hora a la que llegaba ni nada. Estaba con él en el Hostal de los Reyes Católicos y, cuando atravesamos la Plaza del Obradoiro para venir aquí, me agarró por un brazo y me dijo: “Explícame todo lo que va a pasar”, nervioso como si fuese un alumno en un examen. También en las ruedas de prensa hay meteduras de pata. Voy a contar una anécdota. Le hacen una pregunta general pero concretamente a Reverte y le preguntan: “¿usted leyó las obras de los otros escritores?” Lo lógico es decir que sí o no contestar. Él dudó y dijo “Bueno, eso no se pregunta, pero sí, una la leí”. La pregunta siguiente fue “¿Cuál?” y él se enfadó porque no puede decirlo ya que sería una falta de elegancia al que no le leyó la obra.

¿Qué tuvo de especial la vigésima edición? Descríbanos un poco las reacciones de los escritores, del alumnado y del público que asistió al acto y a la cena con ellos en el Hostal.
-Yo iría a lo especial de la última edición. Todo el mundo salió muy contento del acto, de los escritores y muy contentos de la intervención de los alumnos. Muy contentos incluso del intérprete, porque hay veces que no encajaba con el escritor o no es capaz de transmitir. Esta vez el escritor paraba y hacía frases cortas y el interprete lo traducía. Voy a contar una anécdota de otro premio que organizamos en el Casino y veréis que, por muy bien preparado que esté el acto, se puede estropear. Le entregamos un premio similar a este, pero en el que vota toda la ciudad de Santiago. Se lo entregamos a Ana Gavalda, una escritora francesa del momento. El día anterior tuvimos una rueda de prensa y ella habló muy poco. Al día siguiente le entregamos el premio y le dije que hablara más. A la hora de su turno dijo: “Ubaldo me dijo que aquí hablara mucho más, pero yo lo voy a sintetizar en una frase, un escritor se oculta detrás de lo que escribe. Muchas gracias”. Esta vez los tres escritores intentaron transmitir cada uno a su manera y fueron los tres muy diferentes. El último, que fue Joel Dicker, actuó de una manera más ligera pero muy atractiva.

-¿Qué planes tienen para mejorar futuras ediciones de los premios?
-En los planes del año que viene van a participar cuatro institutos como jurados: uno alemán, otro francés y otro portugués. El cambio que se va hacer es que se salga de Galicia y de España y que se acerque a Europa también, de manera que tengamos también jurados de otros países.

-Si fuera posible, ¿que soñaría poder añadir a los premios o a su ceremonia de entrega?
-Yo lo que añadiría es la participación masiva de los alumnos leyendo en los actos e incluso en la cena. A mí me encantaría que los alumnos lo viviesen como un placer y una ilusión de poder vivirla.

Aprendiendo

RODRIGO TASENDE REBOREDO

Este año, en clase de lengua, hemos aprendido un montón de cosas. Bueno, se podría decir que hemos aprendido a ponerlas en práctica, porque los conceptos en sí  ya los sabíamos. Hemos aprendido a hacer una entrevista, un artículo de opinión… Y, por fin, hemos hecho un reportaje. El reportaje es uno de los proyectos más importantes del curso porque ponemos en práctica todo lo que hemos aprendido este curso.

Nosotros empezamos este proyecto eligiendo un tema. Se eligieron los temas de la medicina, artes plásticas, programación… Luego, nos pusimos en contacto e hicimos en cada tema una entrevista a cuatro especialistas. Por ejemplo, dentro de la medicina llamamos a un pediatra, a un médico de urgencias, a un cirujano y a un médico de familia. Más tarde se transcribieron las entrevistas. Después de esto se hizo un reportaje hablando sobre el tema que investigamos y añadiendo fotos e infografías. Al principio, cuando te dan estos pasos, piensas que será duro a la vez que aburrido. Porque no mucha gente piensa que un trabajo para el instituto será divertido. Pero, después, vas trabajando con tus compañeros, aprendiendo sobre diferentes temas… Y te vas dando cuenta de que es interesante, a la vez que divertido, aprender sobre oficios y temas de los que puedes trabajar cuando seas mayor. Aparte de aprender de la medicina o de la programación informática también aprendes sobre periodismo porque aprendes a hacer una entrevista, a editar vídeos o a hacer un reportaje. Yo creo que también aprendemos a ser más responsables y más autónomos.

A mí me ha  gustado mucho hacer este trabajo porque me lo he pasado muy bien. Lo que más me ha gustado es estar con mis compañeros: compartiendo información, comentando cosas… En general, trabajar con compañeros es lo mejor. También está bien aprender información sobre la medicina o sobre la programación porque son temas muy interesantes. Yo creo que lo más importante es que hemos aprendido muchas cosas. Aun así, debemos seguir aprendiendo.

“Yo creo que ahora, en general, se apoya mucho menos a la cultura”

Luis Tosar / Actor de cine, televisión y teatro

El prestigioso actor afirma que los tiempos han cambiado

Gael Nodar Fernández
Sara Rodríguez Varela

SANTIAGO / SCQInfo

Luis Tosar (Lugo, 1971) comenzó su carrera artística en el teatro santiagués. El actor recuerda como fundamentales las Ultranoites de la Sala Nasa o un trabajo estable en el Centro Dramático Galego. Después vinieron las “Mareas Vivas” de la televisión y muchas películas por las que ha conseguido premios como el Goya al mejor actor por “Los lunes al sol”, Te doy mis ojos” o “Celda 211” o siete Mestres Mateo. La entrevista tiene lugar en el Pub Atlántico, uno de sus lugares preferidos en Santiago.

-¿A que años comenzaste con tu carrera teatral? ¿Cómo recuerdas esa primera experiencia?
-Mi primera experiencia en el teatro fue bastante joven. De hecho, fue a los 11 años y era con una compañía que se llamaba “Juventudes Marianas Licenciadas”, que era una compañía religiosa,  de un colegio en el que yo no estaba, pero donde había estado haciendo el parvulario. Me apunté ahí porque se trataba de hacer trabajo social y montabamos espectáculos teatrales musicales y cosas así; lo que se nos ocurría para ir a “animar” a centros así, de ancianos, de discapacitados… Esa fue mi primera experiencia.

-¿Te inspiraste en alguien o algo para entrar en el mundo del espectáculo?
-No, nadie en concreto, aunque supongo que habré tenido influencias de las películas que veía en ese momento, actores que ya me gustaban: Eddie Murphy, por ejemplo, me gustaba mucho. Actores de esa época en general

-¿Cómo era el mundo del teatro en la década de los 90? ¿Podrías describirnos en detalle y, en particular, la escena teatral de Santiago en esa época?
-Pues aquí en Santiago había algo que determinó la carrera de mucha gente, por ejemplo, la mía, y era que se fundó la sala NASA, la cual surgió como una sala de teatro alternativo, una especie de cabaret colectivo que se llamaba Ultranoites, el cual se hacía cada sábado. Entonces ahí te daban la oportunidad de aportar un número. De hecho ahí surgieron muchas cosas que luego se convirtieron en espectáculos teatrales.
Además de eso estaban también las compañías institucionales, como el Centro Dramático Galego, en el cual tuve la suerte de tener un contrato estable puesto que el CDG contrataba por horas. Además, durante año y medio, estuvimos toda una compañía estable que éramos quince actores y nos dedicamos a hacer cuatro montajes. Eso fue para mí un aprendizaje muy amplio porque estaban muchos de los grandes actores de Galicia con los que pude aprender. Por ejemplo, Quico. Al final acabé aprendiendo más de los compañeros que de los maestros.

-¿En qué se diferencia esa situación de los 90 de la actual del teatro en Galicia?
-Pues básicamente yo creo que la diferencia más clara es que la polémica de las instituciones ha cambiado muchísimo. Ahora, en general, se apoya muy poco a la cultura  y, en aquel tiempo, todavía se consideraba algo importante. Tenía que ver con la educación, con que había más salas de cine y el público podía acceder tanto al cine como al teatro, a la música o a la literatura más fácilmente. Era como algo necesario en la formación de una persona y hoy en día parece que ya está un poco infravalorado.

-¿Cómo se prepara uno en Galicia para ser actor y, en particular, actor de teatro? ¿Cómo fue tu formación?
-Mi formación fue un poco caótica y creo que eso sí ha cambiado mucho porque, cuando yo empecé, aquí prácticamente no había ninguna oferta así muy clave. Cuando yo empecé las opciones eran ir a Barcelona o Madrid porque eran los lugares que tenían las grandes escuelas de teatro y porque aquí todavía no había ninguna escuela oficial. En aquel momento lo único que había era “ceo aberto” y allí formaron a mucha gente de las generaciones posteriores a la mía. Y al salir de los cursos que consiguieses hacer, buscabas pequeños trabajos tipo un papel en un serie, una obra de teatro.
Hoy en día esto ya está un poco más formalizado.

-¿Qué es lo más complicado de plantearse poner en escena una obra de teatro? ¿Es fácil en Galicia?
-En Galicia creo que no es muy fácil. De hecho, muchos de mis compañeros de trabajo han abandonado o se han ido a otros lugares a practicar. Sin embargo, ahora la gente se busca la vida como puede, con papeles en series, y van tirando.
A mayores también está lo que hemos hecho toda la vida, que es montar un espectáculo pequeñito e ir representándolo en bares o así, aunque es difícil porque las políticas le dan mucha guerra a esta clase de bares en los que se pueden representar espectáculos.

-¿Por qué crees que salió del teatro gallego una generación tan grande como la tuya de actores y actrices con éxito?
-Yo creo que la televisión tuvo mucho que ver, porque, aunque sea paradójico, el teatro también ayuda a que los actores puedan trabajar en la televisión, lo cual tiene cierta interacción social y a su vez llama a la gente al teatro. Al final quiere decir que si consigues triunfar en la tele lo que consigues es que seas más conocido y la gente se anime a ir a tu obra de teatro porque dicen: “¡Mira, ese es el que sale en la tele!” Y eso hizo a su vez una especie de “bum” y que a la gente que saliese en la tele y tuviesen una actuación de teatro consiguiesen más público.

-¿Qué se siente al interpretar una obra en directo y tan cerca del público?
-Esto supongo que cada uno lo vivirá de una manera diferente, pero hay algo común y es que cuando haces teatro y sales al escenario no puedes decir “¡corten!”; no puedes decir “venga vamos a por otra toma”; no se puede repetir y tienes que ir con todo. Además, cada vez que representas una obra es única, porque la del día siguiente o anterior no serán iguales. Siempre pasa algo en cada función que es irrepetible.

-¿Hay alguna obra que recuerdes con especial cariño?¿Por qué?
-Recuerdo muchas con especial cariño “Nao de Amores”, que fue una obra con una compañía estable en el Centro Dramático Galego, un éxito para el público y una función  que todos estábamos muy contentos de hacer y en la que estábamos muy contentos con nuestros personajes.
Y luego, además, nuestro espectáculo de “Magical Brothers”, que siempre lo tendré como un hijo casi. Lo hicimos entre tres grandes amigos, funcionaba siempre muy bien con el público, era siempre muy gamberro y en él siempre pasaban cosas muy raras porque era un espectáculo rigurosamente en directo y con mucha improvisación, con mucha interacción con el público. Siempre pasaba algo diferente.

-¿Qué obra o papel tuviste ganas de realizar pero todavía no has podido?
-En realidad, ninguno. Yo nunca tuve ganas de hacer un personaje en concreto. No tengo ninguna meta en concreto. Siempre están los personajes clásicos, como los de Shakespeare, pero aún así nunca sé si me apetecerá hacerlo o si no, si voy a hacerlo bien o tal vez no.
Nunca tuve especiales ganas de hacer un papel en concreto. Preparar una obra sí. Por ejemplo, los “Magical Brothers”, algo un poco más gamberro o algo así.

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-¿Cuál ha sido el papel más difícil de realizar y por qué?
-“Foiran y escuela de bufones” fue el más complejo. Era una función que hicimos en la cual me tocó ser el maestro de los bufones cuando yo era el más joven de la compañía en ese momento, lo cual fue una idea del director y a mí me encantó hacerlo, pero fue difícil.

-¿Tu aspecto físico te condiciona a la hora de que te escojan para determinados papeles?
-Sí, te condiciona. Al fin y al cabo a mí y a todos los actores nos condiciona el físico, unos para unas cosas y otros para otras. A los “guapos” les dan los papeles de buenos, galanes…, y a los que tienen un físico más extraño les suelen dar papeles más de malo de la obra.

-Tú alcanzaste la fama primero en el teatro y después en televisión y en el cine. ¿Qué diferencias podrías destacar entre trabajar en el teatro y trabajar en el cine o la televisión?
-Hombre, alcanzar la fama en teatro…, es complicado. Yo no sé si realmente alcancé la fama en el teatro. Yo más que nada conseguí un poco de prestigio en el teatro y luego la fama, que es algo un poco más insulso, la alcancé en la televisión y el cine.
El teatro es algo más espontáneo porque lo haces al mismo tiempo que te ven. La televisión es algo más preparado y controlado puesto que, en el episodio de una serie cortan y sólo transmiten lo que quieren. El cine sería una especie de término medio entre los dos porque lleva más tiempo, es algo más carillo, pero lo que pasa es que tiene más que ver con la televisión porque también cortan algunos trozos que no encajan, o que salen mal. También es algo bastante más preparado.

-¿Prefieres trabajar en una obra de teatro clásico o una de teatro más alternativo como “Magical Brothers”?
-Depende del momento. Los clásicos son los clásicos. Siempre hay cosas que son buenas de hacer, porque un texto clásico por algo es clásico, lleva años funcionando. Pero, claro, si lo que quieres es un poco más de diversión, prefiero ese punto lúdico que tienen los “Magical Brothers”. De hecho, en este caso, “Magical Brothers” tiene un poco más que ver con un grupo de rock que con uno de teatro. Tiene un poco de todo, pero la dinámica de trabajo es un poco más rockera. También todo tiene una edad. Yo ahora no me veo para hacer otro espectáculo de los Magical.

-¿El grupo “Di Elas” pudo tener algo que ver con dicho proyecto?
-Sí, “Di Elas” es un poco una derivación de ese proyecto, porque también estaba el guitarrista, el cantante… Además, es hacer algo un poco parecido con el Rock and Roll. Después de lo de Magical dijimos Piti y yo: “ya si hacemos una banda lo petamos”. Y una cosa llevó a la otra…

-¿En qué género te sientes más cómodo y por qué?
-No me siento especialmente cómodo en ninguno. Quiero decir, no más cómodo en uno que en otro. En el teatro hice mucho drama, pero muchísima comedia; y en el cine me llamaban casi exclusivamente para hacer drama. Muy poca comedia. Pero eso no quiere decir que esté incómodo en la comedia; solo que casi toda la que he hecho me la he “cocinado” yo mismo. Y, entonces, al tener que hacerlo tú mismo, no te hace mucha gracia que los demás lo interpreten. Y supongo que eso me tira un poco más.

-De todos los lugares en los que has actuado, ¿en cuál te has sentido más acogido por el público?
-En muchos la verdad. En teatro en unos cuantos, pero quizá ha sido en los bares donde más a gusto he estado, porque la gente está como un poco más dispersa y te cuesta más conseguir su atención, pero cuando lo consigues la recompensa es mucho mayor.

-Eres un hombre polifacético: actor de cine, de teatro, cantante. ¿En qué faceta te sientes más cómodo?
-Yo me siento más cómodo actuando, pero también porque creo que es para lo que me he preparado, creo que es lo que mejor se hacer y lo que ya llevo sus años haciendo. Pero quizás la faceta de la música me provoca un poco más esa sensación que tenía cuando empecé a actuar, una sensación un poco más de juego, un poco más lúdica.

-¿Cuál te resulta más difícil?
-Actuar, porque, aunque sea en la que más cómodo me siento, uno aspira a hacerlo cada vez mejor, lo cual es un reto cada vez mayor. Para mí cantar es difícil, pero no deja de ser algo como un pasatiempo.

-Ganar premios como el Mestre Mateo, el Goya u otros, ¿qué significado tiene para ti?
-En el mejor de los casos, que vayas a tener más trabajo. Cuando ganas un premio, habitualmente la gente se interesa más en ti.
Y luego porque es el reconocimiento a un trabajo completo, un trabajo del que estás orgulloso, aunque no siempre coincide y a veces te dan un premio por algo que a ti no te acaba de convencer, que dices: “esto no sé si es lo mejor que he hecho, la verdad”.

-Y si quisiéramos empezar nosotros a hacer teatro, ¿qué nos recomendarías?
-Hacerlo. Lo que tienes que hacer es tener ganas, ponerte a ello y practicar.

-¿Tienes planes para una próxima obra de teatro?
-Pues no, de momento no. Tengo ofertas, pero planes no.

-¿Qué sientes cada vez que te llega una oferta?
-Pues sobre todo me planteo cuánto tiempo va a ser, porque el teatro en general necesita mucho más tiempo de compromiso. Cuando te lo preparas tú mismo, tienes más controlado el tiempo. Cuando es una oferta que viene de fuera tienen unos calendarios muy estrictos, a los cuales tienes que adaptarte sí o sí, si lo vas a hacer.

Una experiencia única

MARTA MARTÍNEZ BLANCO

A mí me ha parecido muy interesante realizar este trabajo en Lengua Castellana porque son mis primeras experiencias a la hora de preparar y hacer entrevistas en directo a escritores de los que estamos leyendo sus libros, conocerlos personalmente y asistir a la entrega de premios, dados desde nuestro propio instituto. En concreto, me encantan los tres escritores porque todos ellos a la hora de escribir no piensan en que llegue sólo a gente de su generación, sino que lo hacen para que jóvenes como nosotros los leamos y estemos interesados en lo que escriben.

Fue una forma también de aprender a trabajar en equipo. Aunque al principio parece fácil, no lo es, porque tenemos que coordinarnos, repartirnos las tareas…. Pero al final lo conseguimos.

Ojalá que siga realizándose en los próximos años y yo tenga la oportunidad de poder participar como lo hice este curso.

“Cuando me siento a hablar de mi libro, para mí la edad no importa”

Juan Gabriel Vásquez / Escritor

El escritor colombiano piensa que la literatura tiene algo que atraviesa fronteras de edad, de nacionalidad, de experiencia, de sexo o de condición

Juan Gabriel Vásquez escuchando la lectura de un fragmento de su libro en la entrega de premios. / A.S.R.

Juan Garrido López
Marta Martinez Blanco

SANTIAGO / SCQInfo

Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) estudió derecho en la Universidad del Rosario, pero su vocación es la escritura. Por eso se fue a vivir a Europa muy joven e hizo el doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de la Sorbona de París. Entre sus novelas destacan “Los informantes”, “Historia secreta de Costaguana”, “El ruido de las cosas al caer” y “Las reputaciones”, por la que ha recibido el premio San Clemente 2014.

-¿Cómo y por qué empezó a escribir? ¿Ya lo hacía de niño?
-Sí, yo escribí mi primer cuento cuando tenía unos ocho años. Está publicado en el anuario del colegio para los que no me crean. Siempre tuve una relación muy intensa con los libros, con los cuentos; primero con los libros. A pesar de todo lo que tomaba su turno como la gran pasión de mi vida, el fútbol, los libros siempre estaban en medio.

-¿Qué es lo que más y que menos le gusta de su oficio y por qué?
-Lo que menos me gusta es el hecho de que uno no mejora con el tiempo. La literatura es uno de los pocos oficios en el que uno no aprende conforme avanza, sino más bien lo contrario: se va volviendo cada vez más difícil, porque cada vez está uno más consciente de todo lo que puede salir mal; y cada vez es un mejor reto para detectar tus fallos. Lo que más me gusta son cosas como estas, como la comunicación que puede tener este oficio con gente que uno no conoce y la idea de imaginar a lectores como ustedes a solas con uno de mis libros, oyendo la voz que yo me he esforzado en crear. Eso es un gran premio.

-¿En qué o en quién se inspiró para escribir el libro?
-El libro sale de mi interés, mi curiosidad por un caricaturista colombiano de los años 20, un hombre de una personalidad fascinante, muy influyente en su época y que murió en circunstancias muy confusas. Mi interés por él fue el primer pálpito de la novela, digamos. Luego ya usé la figura de varios caricaturistas que conozco, otros que conozco sin habernos dado nunca la mano, para construir la figura de mi caricaturista de ficción y contar a través de él la historia.

-El protagonista del libro es Javier Mallarino. ¿En quién se inspiró para crear el personaje y por qué eligió a un dibujante que escribe viñetas o “monos” para un periódico?
-Está basado, o más bien es una mezcla, un cóctel de tres o cuatro caricaturistas colombianos. Uno de ellos es un amigo mío que por fortuna me ha dedicado su tiempo y sus conocimientos para que yo pudiera escribir el libro. ¿Y por qué lo escogí a él? Al principio por mi interés en su físico, porque la relación que tiene un caricaturista con el mundo que comenta es muy especial. Y, en segundo lugar, porque yo fui columnista en la prensa durante varios años, -lo sigo siendo, aunque más esporádicamente-, y entonces conozco de primera mano la relación de alguien que opina y las “víctimas”, digamos, de sus opiniones.

-¿Qué significado tiene Bogotá como el lugar donde sucede la historia y qué contraste hay entre el sitio donde vive Mallarino, en la montaña, y la ciudad, donde ocurren la mayor parte de los hechos?
-Bogotá es muy importante. Yo creo que los escritores escribimos sobre nuestros lugares no como se suele pensar porque los conozcamos, porque eso es lo que uno conoce y entiende, sino más bien porque nos sorprende. Bogotá para mí es una ciudad que constantemente me está sorprendiendo, donde siempre están saliendo fantasmas de las esquinas con historias que yo quiero contar. Y el contraste entre la montaña donde vive Mallarino y la ciudad es importante porque cuando comienza la novela Mallarino se ha convertido en una especie de viejo sabio exiliado. De viejo sabio de la montaña que vive lejos del mundo que comenta, del mundo que una vez lo capturó, que lo rodeó, y eso en la novela es un tema: cómo él desde la distancia, desde una cierta perspectiva casi divina, va dominando las vidas de los pobres mortales que están ahí abajo y luego paga el precio por la arrogancia.

-¿Por qué eligió “Las reputaciones” como título?
-Porque la novela habla del tiempo, de la energía que invertimos en moldear nuestra reputación. Y eso que ha encarnado en distintos personajes que por distintas razones ven como su imagen pública se ve afectada. En la novela hay un personaje que sufre mucho con la caricatura de Javier Mallarino, pero al final aparece una mujer que también tiene una relación con la mirada de Mallarino, con la vida de Mallarino, pero de una manera distinta. Entonces, son distintas maneras de entender lo que supone una reputación.

-El jugar con la reputación de los demás es un tema universal. ¿Puede ser su novela comprendida completamente fuera de Colombia? ¿Cree que ha conseguido que gallegos, españoles o personas de otras nacionalidades la entendamos como alguien de Bogotá?
-Sí. Yo creo que sí puede ser entendida. Creo que la novela se ocupa de temas absolutamente universales. No podría ser de otra manera porque esto es lo que hace la literatura cuando uno se la toma con dedicación y con seriedad: va al fondo de nuestra experiencia humana para tratar de encontrar lo que tenemos en común todos. No es una novela creada de un caricaturista, un colombiano que escribe para periódicos colombianos. Es una novela que habla de la memoria, del pasado, de la fragilidad de nuestra imagen pública y eso lo puede tener cualquier persona.

-¿Por qué se nombra tanto a Ricardo Rendón y por qué es tan importante para el protagonista?
-Ricardo Rendón es el origen de la novela; es este caricaturista de los años 20. Es una especie de padre espiritual del caricaturista del libro, de Javier Mallarino. Se nombra todo el tiempo porque para Mallarino es un referente moral, es un referente de comportamiento, es un referente en cuanto a que su vida es misteriosa, y es un referente porque es un hombre que decidió dejar su oficio en el momento en que más poder tenía, que es algo que Mallarino nunca ha podido hacer. Él, a su edad, sigue siendo una especie de adicto al poder que tiene. Entonces Rendón es una especie de espejo en el cual él se mira para juzgar su propia vida.

El escritor colombiano respondiendo a una pregunta en la rueda de prensa. / J.G.L.

 

-¿Por qué Mallarino decide irse del periódico de Rodrigo Valencia al final y no lo hizo cuando sucedieron los hechos?
-Bueno, yo también me lo pregunto.  Mi teoría, que no quiere decir que sea la verdad, es que se va porque se da cuenta de que toda su vida ha estado construida sobre terrenos movedizos, de que él ha construido su carrera manipulando la imagen ajena, la reputación ajena y, de repente, esta chica le demuestra que tal vez, solo tal vez, una caricatura que hizo destruyó la vida de un hombre. Y él la hizo sin estar completamente seguro de lo que vio, abusando de alguna manera del poder que le otorgaba su posición como comentarista político. Entonces, tal vez, eso lo lanza a una especie de crisis y decide irse; pero no estoy bastante seguro de esto.

-¿Qué importancia tiene el personaje de Samanta Leal en la historia?
-Bueno, es definitivo. Samanta Leal es una especie de bisagra. Hasta que ella aparece la novela habla de la relación entre alguien que opina de la prensa y sus lectores o el mundo que comenta. Es una novela sobre la posición que un opinador tan poderoso tiene y a partir del momento en que Samanta Leal aparece, la novela se convierte en otra cosa, se convierte en una reflexión sobre la memoria, sobre el pasado, sobre la fragilidad del pasado, sobre los juegos que juega la memoria y entonces ahí cambia por completo la novela, en sus temas y en sus preocupaciones. Y en la historia, por supuesto .

-Otro personaje femenino es la ex-mujer de Mallarino, Magdalena. ¿Qué diferencias hay entre ella y Samanta y qué papel juega en la novela?
-Samanta es una chica muy frágil, que no tiene muchas certezas sobre su vida y, en cambio, Magdalena es un personaje femenino que siempre aparece en mis novelas por alguna razón, sin que yo me lo proponga. Es un personaje que tiene todo claro, que es una especie de faro moral, con toda la solidez y la sensatez que los hombres no tienen. En mis novelas los hombres siempre van destruyendo el mundo y las mujeres van por detrás arreglándolo todo. Entonces ella es muy importante por eso. Es una especie de conciencia moral de la novela.

-¿Por qué quiere Samanta Leal ver a la mujer de Cuéllar, qué significado tiene esto en la novela y qué influencia tiene esta decisión en Mallarino?
-Ella quiere ver a la mujer de Cuéllar por la misma razón por la que quiso ver a Mallarino, que es para preguntarle sobre lo que le pasó a ella misma. Es una posición muy rara. Fíjense ustedes: cuando para tú lograr saber lo que te pasó a ti tienes que acudir a la memoria de otro, te coloca en una situación de mucha vulnerabilidad, de mucha incertidumbre. Y eso es lo que ha vivido la pobre Samanta Leal toda su vida. Ha vivido en terrenos muy desiertos, porque no recuerda la cosa más importante que le sucedió, quizás. Y esta mujer puede tener la respuesta.

-¿Por qué es importante para Mallarino recordar la noche de hace 28 años?                
-Porque en esa noche está la respuesta a la gran pregunta que él se hace, que es si su vida es o no es una gigantesca impostura, si esa noche, en realidad, no pasó lo que él cree que pasó. Entonces él ha montado toda su vida sobre una mentira, sobre una falta de juicios, sobre una equivocación o un prejuicio. Y eso lo lanza a cuestionar todo lo que hasta ese momento ha vivido.

-¿Lo que  ocurre aquella noche hace veintiocho años cuando el padre de Samanta Leal  sube a la habitación y se encuentra a Cuéllar nunca queda claro? ¿Por qué nunca se aclara esto totalmente en la novela?
-Sí, es una muy buena pregunta.  Toda la novela gira alrededor en un hecho que no se cuenta y toda la novela gira alrededor de la incertidumbre, sobre ese hecho. Esto es muy importante porque justo ese es el tema de la novela: cómo nuestra memoria falla; cómo hacemos juicios sobre los demás sin tener completa certeza de lo que hemos visto. Para mí hubiera sido tramposo montar la novela alrededor de ese problema y al final contar lo que pasa. Creo que la novela tiene lo que los lectores y escritores llamamos un final abierto, que es que no sabes las respuestas. Para mí esto es muy importante, es una lección para la vida. Creo que el mundo iría mucho mejor si los seres humanos aceptamos vivir en situaciones sin solución fácil. Esto lo escribía un escritor israelí. Ustedes saben que allá hay un gran conflicto de muchas décadas entre los árabes y los israelíes. Digamos que ese conflicto no tiene salida posible; cualquier salida  va a ser insatisfactoria o bien para los unos o bien para los otros. Si todos logran aceptar eso, si todos logran aceptar que viven en una novela con final abierto donde no se resuelven las cosas, va a ser mucho más fácil la convivencia. Por eso yo creo que este tipo de historias que te acostumbran un poco a aceptar que no todas las situaciones tienen respuesta clara pueden ayudarnos para la vida.

-¿Qué significa para usted recibir este premio y en qué se diferencia de otros que haya recibido?
-Es una inmensa satisfacción. Yo estoy muy contento. Es importante para mí, en parte por la gente que lo ha recibido antes. Me honra mucho ser parte de una lista en la que están escritores muy importantes para mí como Mario Vargas Llosa y Javier Marías y tantos otros en lenguas distintas. Y creo que parte de esa satisfacción es el hecho que hace que este premio sea único: la calidad de sus jurados, el hecho de que sus jurados sean lectores jóvenes que no atienden en su juicio ni a la fama del autor, ni a la editorial, ni a criterios geográficos, ni absolutamente nada, sino que sólo premian lo que les gustó, la comunicación que establecieron con un determinado libro.

-¿Qué sensaciones le causa compartir estas horas con alumnado del instituto Rosalía de Castro? ¿De qué manera somos los adolescentes un público diferente?
-Yo creo que la literatura en realidad borra esas diferencias. Una de esas cosas maravillosas que tiene un buen libro es, por ejemplo, el privilegio inmenso que tiene este librito que yo he escrito es el de haber buscado a un público de lectores jovencísimos al mismo tiempo que a un público de lectores tan veteranos y avezados como los señores de la Real Academia Española. Cuando eso pasa, para mí es un enorme placer poder decir que la literatura tiene algo que atraviesa fronteras de edad, de nacionalidad, de experiencia, de sexo, de condición; todo eso. Entonces, cuando me siento a hablar de mi libro, para mí la edad no importa, estoy hablando de un territorio común que tenemos.

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-Si pudiese cambiar algo de su libro, ¿qué sería? ¿Es usted del tipo de escritores que corrigen mucho?
-Sí. Todo lo que podía cambiar lo cambié antes de publicarlo y después seguí cambiando. Soy un desastre para mis editores porque el libro nunca está terminado. Hay un escritor mejicano que me gusta mucho, Alfonso Reyes, que decía que «los escritores publicamos los libros para no se nos vaya toda la vida corrigiendo los borradores» y lo que pasa es que después de publicar los libros seguimos corrigiéndolos. Es un desastre.


“Hay un escritor mejicano que me gusta mucho, Alfonso Reyes, que decía que los escritores publicamos los libros para no se nos vaya toda la vida corrigiéndolos”


-Háblenos de su próximo libro. ¿Cuáles son los retos con los que se encuentra a la hora de escribirlo?
-Mi próximo libro es un aparato muy complejo y difícil de explicar, pero tiene que ver en parte con dos crímenes políticos que hubo en mi país, que cobraron importancia más allá de mi país. Dos políticos que fueron asesinados, uno en 1914 y otro en 1948.  Yo me he interesado desde que era niño por estos crímenes: por qué los mataron, en qué circunstancias y qué mentiras nos han dicho acerca de sus muertes y eso es la novela que estoy escribiendo. Es la más difícil que hecho hasta ahora, pero porque siempre va a ser así: la novela nueva va a ser más difícil que las anteriores.

“Uno siempre quiere verse reconocido por las generaciones distintas de la suya”

Carlos G. Reigosa / Escritor

Carlos G. Reigosa durante la entrega de los Premios San Clemente. / A.S.

Marta Martínez Blanco
Juan Garrido López

SANTIAGO / SCQInfo

Carlos González Reigosa (A Pastoriza-Lugo, 1948) es un escritor y periodista gallego.
Es licenciado en Ciencias de la información y Ciencias Políticas. Comenzó su carrera periodística en La Voz de Galicia. Fue redactor y director de la agencia EFE. Es autor de multitud de artículos de crítica literaria y teatral y de política internacional, publicados en periódicos y revistas tanto españolas como americanas. Su última publicación es “A vitoria do perdedor”, galardonada con el Premio San Clemente en lengua gallega.

-¿Cómo y por qué empezó a escribir? ¿Ya lo hacía de niño?
-No, de niño no podía hacerlo porque nací en una aldea, en mi casa no había libros, nadie me decía que se podía escribir; eso fue un descubrimiento posterior, cuando yo ya había acabado de hacer el Bachillerato. A partir de ahí me di cuenta de que a pesar de que sacaba muy buenas notas en ciencias, en matemáticas, física y química, realmente no me interesaban nada. Fue un descubrimiento un poco tardío; tenía 17 años cuando empecé a darme cuenta de que en mi casa no había libros pero a mí me interesaban mucho los libros.

-¿Qué es lo que más y que menos le gusta de su oficio de escritor y por qué?
-De mi trabajo como escritor me gusta todo. De hecho, cada vez que estoy mal en un sitio me voy a escribir, porque escribir tiene, entre otras cosas, un efecto de evasión; es decir, si uno está en una realidad y está empezando a ponerse nervioso un domingo porque no sabe a donde ir, no hay mejor remedio que ir al ordenador y ponerse a escribir y ya está. Entra uno en un espacio completamente distinto, un espacio siempre amable porque es tu creación la que está progresando.

-¿En qué o en quién se inspiró para escribir el libro?
-“A vitoria do perdedor” es la conclusión de unas investigaciones históricas de cuatro libros publicados previamente y que, en un momento determinado, yo pienso que ya no debo escribir más libros de carácter histórico. En cambio dio para hacer una novela que de alguna manera recoge lo esencial que yo aprendí de toda esa investigación anterior, que es que todo lo que había era una violencia que generaba violencia y que atraía más violencia, en forma de revanchas, en forma de venganzas, en forma de todo eso, y en vez de contarlo en la realidad, decidí explicarlo mediante una ficción, mediante una novela.

-¿Qué cree que podemos aprender los lectores jóvenes con esta novela?
-Aprender que en una sociedad llevarse mal es muy peligroso, porque, si uno me pisa a mí el pie, es difícil que yo no intente pisarle el pie a él y es socialmente una desgracia que ocurran esas cosas. Por lo tanto, yo creo que la novela, lo que claramente deja ver o lo que quiere dejar ver es que realmente en estos procesos de violencia, revanchas y todo esto, el final es malo.

-La historia está basada en la posguerra Civil Española. ¿Por qué decide escribir sobre este tema?
-Esta historia empezó ocurriendo en 1821, mucho antes, y fue cuando yo estaba en estas investigaciones sobre la posguerra y pensé que esto podía traerlo mucho más próximo. En vez de la Revolución Liberal de 1821-23 podía traerlo a una realidad que resulta que aún está casi viva. Realmente no era tan importante el sitio donde ocurría lo que yo quería contar, sino lo que quería contar. De hecho, veréis que en las primeras líneas desaparece el conflicto previo porque matan a todo el grupo menos a la persona, con lo cual empieza realmente una respuesta individual.

-Es una novela histórica. ¿De qué manera está basada en hechos y personajes reales?
-La única realidad que se puede admitir es el combate inicial. Probablemente lo que más me inspiró fue un combate que hubo en Chavaga, en la entrada de Monforte. Yo admito que eso influyó porque yo estuve entrevistando allí a todo el mundo y seguro que todo eso se me fue metiendo en la cabeza. Aunque no fui muy consciente de que estaba trasladando un hecho real, pero es verdad que yo mismo reconozco al leerlo que de todos los hechos que aparecen de capturar guerrilleros en una zona es lo más próximo y, por lo tanto, es lo más histórico en la novela. Después, a partir de ahí, ya es ficción todo.

-El protagonista encuentra el amor y en un principio iba a escapar a Francia, pero luego decide quedarse, arriesgando su vida. ¿Por qué eligió esta opción?
-Estaba en una dinámica de venganzas. Al final él está enamorado y él quiere buscar una salida. De hecho viene a buscar el pasaporte a Santiago de Compostela, pero se cruza otra información de una persona que fue la culpable de la detención, de la captura y del asesinato de sus amigos y entonces, de repente, se da cuenta de que es un guerrero y que tiene que cumplir como un guerrero. Y sabe perfectamente que va a perder la vida. Esa es una pregunta que me hacen a veces, dicen: “¿Por qué al final no acaban siendo una pareja feliz fuera de España?” Yo digo que hay algunos que lo consiguieron, pero que fueron los menos. Fueron muchos más los que no lo consiguieron.

-Después de haber vivido una época de guerra, Arcadio decide seguir luchando. ¿Quiere reflejar con esto que la guerra y los conflictos armados como el de los maquis generan aún más violencia?
-La violencia empieza antes, esta violencia viene de una Guerra Civil y  tiene la continuación de una resistencia armada que tiene sentido porque es el momento en que empieza la Segunda Guerra Mundial y la esperanza que tienen es que, como pierde Alemania, los nazis, probablemente aquí pierda el franquismo. Hay una esperanza; no son unos locos que siguen luchando sin ninguna relación con la realidad. Ellos están en contacto con la información de la realidad y ven que hay una posibilidad. La derrota de Hitler puede significar en España la caída del franquismo. Como es claro, porque la historia así lo demuestra, se equivocaron.

-A pesar de que durante toda la novela utiliza nombres de pueblos ficticios termina situando al protagonista en Santiago. ¿A qué es debido?
– Fue inevitable. Yo creo que Santiago tenía todos los elementos para unas reflexiones que para mí eran importantes porque es el final del personaje y el final del personaje es el final pasando por delante de esta Catedral. Al final yendo allí a buscar el pasaporte es todo una realidad, donde él entra en colisión con sus propias ideas: “¿De qué mundo vengo? ¿En qué mundo estoy”. Yo creo que la realidad de Compostela es una realidad absolutamente pétrea, una realidad histórica y una realidad ficcional. Entonces yo creo que, en la medida en que las piedras son reales y se pueden tocar, la ficción no se puede tocar, y yo incorporé mi ficción a otras ficciones que ya hay incorporadas en Compostela. Me parecía que cambiar el nombre de Santiago de Compostela no tenía sentido.

El escritor durante la entrevista, realizada en el Hostal de los Reyes Católicos. / A.S.

-Titula el libro “A vitoria do perdedor”. ¿De qué modo el hecho de que el protagonista decida vengarse, aunque le cueste la vida, es para él una victoria?
-Si te fijaste, en la obra hay una referencia continua a los mitos que él tiene: él tiene los mitos del anarquismo, de los líderes anarquistas, que todos acabaron mal, Sacco y Vanzetti, los mártires de Chicago. Y eso lo tiene en el referente como las personas que alimentaron su ideario político, su ideología. Por lo tanto, lo que está viendo al final es que va a terminar como sus maestros y, de alguna manera, pues eso es un éxito, una justificación para que él piense que acabar como sus maestros no es lo peor que puede ocurrir y asume ese final.

-Otro de sus libros es “A vinganza do defunto”. ¿Por qué recurre a la venganza en varios de sus libros?
-Yo soy una persona convencida de que la historia no tiene sentido para el ser humano más que en los procesos de paz, porque en los procesos bélicos es una desgracia y todos los pueblos que padecen guerras son enormemente sufridos y desgraciados y yo tenía una memoria muy clara de algo que había pasado en Galicia, que es que España y Galicia durante la segunda guerra mundial teóricamente aparecen como neutrales pero realmente no había una neutralidad esencial; es decir, que en Vigo había un montón de nazis que coordinaban la carga de submarinos alemanes que atacaban barcos en el Atlántico Sur y por lo tanto me quedó siempre la fascinación de que podía haber una ficción, un crimen, una venganza por unos hechos que se produjeron allí. Los hechos son la novela. No puedo contarlos enteros, pero, si leéis la novela, veréis que efectivamente hay un proceso que sí, que al final es una venganza. Pero para terminar digo que lo esencial de esta obra no es ya la guerra, la revancha, porque esta es una novela policíaca y lo esencial son los dos personajes míos, Nivardo Castro y Carlos Conde, que hacen la investigación. Lo importante de esta obra es la investigación, cómo logran desentrañar un misterio, ya que el protagonista no viene siendo la propia revancha en sí; hay una revancha de fondo, pero no es la protagonista.

-¿Por qué cree que están tan interesados los autores gallegos y españoles en tratar estos temas de la Guerra Civil y el franquismo?
-Yo creo que eso empieza a dejar de ocurrir. Creo que eso ya llegó al límite. Lo siento por mí mismo, ya que tengo un montón de historias recogidas, pero ya no tengo ganas de escribirlas porque generacionalmente uno se va distanciando. Aunque yo pertenezca a una generación determinada, el contagio entre generaciones hace que uno se vaya distanciando de los hechos a medida que aparecen los más nuevos. Yo tengo dos hijas y para ellas todo esto queda lejos. Para mí también empieza a quedar lejos y ya no creo que insista en ninguno de estos temas.

-¿Qué queda de ese enfrentamiento de la Guerra Civil en la sociedad actual?
-Cada vez menos; la distancia cada vez es mayor y ya no hay víctimas directas; es decir, cuando yo nací había gente que tenía familiares muertos en la Guerra Civil, familiares ejecutados en un monte o había experiencias de estas. Evidentemente, esto queda tan lejos que hoy no tiene ningún sentido. Inclusive no hay ya testimonios; es muy difícil encontrarlos. Yo puedo dar testimonio de lo que me contaron otros testimonios pero yo ya no tengo una versión propia porque yo no estaba ahí; yo no había nacido cuando estaban matándose estos.

-Hay una ley de memoria histórica que busca hacer justicia con lo ocurrido en la guerra y en la época de Franco. ¿Qué cree que queda pendiente de hacer y qué puede aportar la literatura en este sentido?
-Yo creo que más que hacer justicia, lo que hay que hacer es escribir la historia de una forma que no esté desviada conforme a unos intereses de un bando. Yo creo que ya pasó tanto tiempo que la ley de la memoria histórica básicamente lo que quiere es decir: “La versión final es esta”, en el sentido de que yo creo que a estas alturas contar una ficción de que los buenos eran unos y los malos eran otros es un poco ridículo.

-Si pudiese cambiar algo de su libro, ¿qué sería? ¿Es usted del tipo de escritores que corrigen mucho?
-Yo corrijo como todos lo que creo que es necesario, hasta que estoy a gusto y cuando me gusta paro. Realmente corrijo poco porque hay una cosa que me gusta hacer: cada vez que me pongo a escribir tengo la tendencia natural de leer lo que viene detrás y esas lecturas siempre llevan correcciones; de modo que cuando acabo la obra corrijo muy poco. Y luego nunca me pongo a escribir sin corregir un poco de lo anterior. Por una necesidad lógica de leer como quedó esto, esto ya se dijo antes, ya conviene insistir en esto, mejor no insistir en esto… Y yo creo que este proceso de escritura lleva en paralelo el proceso de corrección.

-¿Qué significa para usted recibir este premio y en qué se diferencia de otros que haya recibido?
-A este premio le doy una enorme importancia y explico por qué: porque hablamos de un jurado nada contaminado, no tiene intereses, nadie les va a dar nada porque me voten a mí o voten a otro, y yo creo que esto es esencial. Es un jurado que te da un premio y no es sospechoso de nada. Eso es una maravilla. Pero hay otra cosa que para mí es mucho más importante, y es que realmente uno siempre quiere verse reconocido por las generaciones distintas de la suya; es decir, nosotros no somos de la misma generación, por lo tanto para mí sería un fracaso enorme que mi generación me entendiese muy bien y las siguientes no entendiesen nada; sería un fracaso total. Nunca escribí para mi generación; no me interesa nada mi generación. Escribes para un lector que tienes definido, que está por encima de las generaciones. Por eso, cuando yo hablo de la venganza, aquí ese mensaje me gustaría que tuviese un lector dentro de 100 años. Porque estoy completamente seguro de que alguna catástrofe va a ir ocurriendo por el medio, -no en España, espero-, pero lo suficiente para darse cuenta que lo que digo ahí es verdad y eso es la realidad.
-¿Qué sensaciones le causa compartir estas horas con alumnado del instituto Rosalía de Castro? ¿De qué manera somos los adolescentes un público diferente?
-Bueno, sois diferentes. Yo no lo sé. Lo que sé es que sois un público objetivo preferente porque, si yo tengo un lector adolescente, es posible que tenga un lector mucho tiempo; salvo si no le gustan las obras, claro. Y digamos que la literatura de uno tiene más futuro si en vez de tener un lector de 70 años tienes un lector de 15, 20 o 30 años. Y yo creo que, eso sí, digan lo que digan, todos los escritores escribimos realmente pensado que la obra queda. No queda para siempre, no hacemos esa ficción, pero queda mucho tiempo. Se prolonga en el tiempo y, por lo tanto, yo siempre digo que aspiro a que se prolongue el interés por los libros por lo menos en la vida de uno. Yo creo que es muy frustrante escribir una novela y asistir a su propio entierro. Eso aun no me pasó y estoy muy contento.

-Háblenos de su próximo libro. ¿Cuáles son los retos con los que se encuentra a la hora de escribirlo?
-El próximo libro es difícil hablar de él porque se está escribiendo, está en una fase muy previa porque va a ser un libro bastante largo y yo en este momento llevo 60 páginas pero lo que puedo decir es que no se parece a ninguno de los anteriores y que la idea que tengo el la cabeza esencialmente es un pueblo donde hay unos episodios que como ocurre en muchísimos pueblos nadie habla de ellos, y hay una persona que llega de fuera y se pregunta porque no se habla de esos episodios que son los más importantes de ese pueblo, y no se habla porque uno es hermano de otro, otro es primo de otro y de alguna manera lo que quisiera con esa obra es hacer una reflexión, claro, las novelas tienen que tener un contenido que es la aventura, la que ocurre en la novela y luego hay otra cosa que es que lo que quieres es que quede en la memoria de la gente y no de las cosas que me gustaría que esta obra dejase en la memoria de la gente lo malo que es el silencio, los silencios esos que tapan, tapar las cosas, al final lo que hacen es que haya comunidades que no se reconozcan a sí mismas, que piensan que son lo que están contando pero resulta que son lo que están ocultando. Eso es lo que quiere ser la novela, como una sociedad se va viendo obligada por la presencia de una persona externa a ir contando de un modo sucesivo, de ir contándose a sí mismo lo que nunca quiso contar. pero esto está olvidado, de eso no habla nadie, eso es.

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“Son mis personajes, soy yo quien los inventa; yo los creé como quise y por eso hay algo de mí dentro de ellos”

Joël Dicker / Escritor

No quiere hablar de su próximo libro porque cree que le puede dar mala suerte

Joël Dicker

Joël Dicker en el acto de entrega del Premio San Clemente en el IES Rosalía de Castro en Santiago de Compostela. / A.S.R.

Niyara Pampín Rivas
Alexandre Soto Rodríguez

SANTIAGO / SCQInfo

Joël Dicker (Ginebra, 1985) es un reconocido escritor suizo. Tiene la carrera de derecho y a los 20 años escribió su primer libro. Su último libro es “La verdad sobre el caso Harry Quebert“, una fabulosa novela galardonada con el premio San Clemente.

-¿Cómo y por qué empezó a escribir? ¿Ya lo hacía de niño?
-Sí, empecé a escribir cuando era muy pequeño. De hecho comencé a escribir incluso antes de saber escribir. Dibujaba mucho y después le pedía a mis padres que escribiesen para mí lo que quería decir. Y más tarde decidí que quería ser capaz de escribir mis propias historias, así que comencé a escribir solo. Y me gustó porque me encantaba la idea de poder inventar lo que uno quiera. Es por eso por lo que me gusta escribir, porque no hay límites: puedes escribir tu propia historia, todo lo que quieras, tanto como tú quieras.

-¿Qué es lo que más y que menos le gusta de su profesión y por qué?
-Lo que más me gusta es poder ser escritor. No ha sido fácil para mí, porque no es siempre sencillo. Lo que menos, los hoteles. Me encanta viajar, pero no me gustan nada los hoteles.

-¿En qué o en quién se inspiró para escribir el libro?
-Pienso que me he inspirado en todo lo que he leído antes. Todo lo que leemos, todas las películas, exposiciones que vemos, todo esto se queda en un rincón de la cabeza y es con todo esto con lo que creamos otra cosa.

Joël Dicker

Dicker cree que hoy en día es mucho más difícil hacer que la gente lea porque hay Internet, televisión, cine… / A.S.R.

-¿Por qué una relación entre un hombre de 34 años y una adolescente de 15?
-En este libro hay muchas relaciones, relaciones amistosas, entre un padre y un hijo y en cuanto a las relaciones de pareja tenía ganas de explorar otro tipo de parejas, no forzosamente en las parejas en las que solemos pensar.

-Como escritor, si tuviera que identificarse con Marcus o Harry, ¿a cuál elegiría y por qué?
-De los dos y a la vez de ninguno. Son mis personajes, soy yo quien los inventa. Yo los creé como quise y por eso hay algo de mí dentro de ellos. El hecho de sentirme cercano a mis personajes se produce con todos ellos, independientemente de la edad o del sexo.

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-¿Los consejos que le da Harry a Marcus, ¿ son propios suyos?¿Busca con su novela dar consejos sobre cómo escribir a gente como nosotros?¿Qué consejos nos daría si quisiéramos dedicarnos como usted a escribir?
-Al final nos damos cuenta de que Harry, que supuestamente es un gran escritor, no ha escrito él el libro. Con lo que de ahí, sus consejos no tienen ningún valor, ya que él no ha escrito el libro. Yo puse estos consejos para decir al final que no hay consejos. El único consejo que puedo dar es que hay que escribir, escribir, escribir.

-¿Qué significa para usted recibir este premio y en qué se diferencia de otros que haya recibido?
-Es un premio otorgado por jóvenes, gente de mi generación. En otros premios a menudo hay gente que se lo dan si el escritor está en tal editorial, o si es muy joven, o si tiene mucha fama, mientras que este Premio, otorgado por los más jóvenes, es un premio centrado en el texto y esto es importante para mí. Un premio dado por jóvenes tiene aún más sentido para mí porque tengo la impresión de construir algo con ellos.

-¿En qué sentido los adolescentes son un público diferente?
-Es un desafío mucho más importante. Hoy en día la gente lee menos porque hay Internet, la televisión, el cine… Esto quiere decir que el escritor no tiene un público adquirido de antemano. Es mucho más difícil hacer que la gente lea. Pero el sentimiento de gratificación cuando te leen es mucho mayor. Y a mí cuando la gente joven me dice “he leído tu libro”, en lugar de ver una película, esto me llena de satisfacción.

Joél Dicker

Dicker con Ubaldo Rueda (a su izquierda), el director del centro que organiza los premios, durante la rueda de prensa en el IES Rosalía de Castro. / J.G.L.

-Háblenos de su próximo libro. ¿Cuáles son los retos con los que se encuentra a la hora de escribirlo?
-No hablo de lo que estoy escribiendo porque tengo miedo de que traiga mala suerte; soy supersticioso. Es un gran desafío para mí porque quiero conseguir escribir un libro que guste tanto como el precedente. Y al mismo tiempo ser capaz de mejorarlo, analizar todos los pequeños defectos que tiene este libro y ser capaz de progresar, porque pienso que hay que intentar siempre hacerlo mejor, superarse.

-Si pudiese cambiar algo de su libro¿que sería? ¿Es usted del tipo de escritores que corrigen mucho?
-He hecho muchas correcciones, corté mucho; pienso que quité unas 200 páginas del manuscrito. Cambiaría la relación entre Harry y Nola. A veces me da la sensación de que Nola es percibida como un poco simple, tontita. Y no es lo que quería transmitir; así que es verdad que fallé en algo. Tendré que hacerlo mejor la próxima vez

-Marcus Goldman es un escritor famoso. Él quiere seguir los pasos de su maestro y amigo. ¿En qué aspectos se considera usted un escritor para dar ejemplo, para servir de modelo a personas como nosotros?
-No soy ningún modelo a seguir. A mí mismo me queda mucho por hacer para convertirme en un gran escritor como los que hemos visto hoy. Yo sólo he escrito dos libros. El único consejo que puedo dar es que hay que intentarlo siempre, trabajar siempre.

Una aventura inolvidable

ALEXANDRE SOTO RODRÍGUEZ

Estas últimas semanas han sido las más extravagantes de mi vida. Y aunque han sido muy agobiantes, también fueron de las mejores que he vivido hasta ahora. Cuando el profesor me dijo que iba a formar parte del grupo que se iba a encargar de hacer el reportaje sobre los Premios San Clemente yo no estaba muy convencido; no me interesaba mucho el tema. Más aún cuando tuve que leer un libro de seiscientas páginas, como es “La verdad sobre el caso Harry Quebert”. Pero pronto me di cuenta de que era un libro muy interesante y muy fácil de leer, mucho más que otros libros que tienen unas cien páginas. El proyecto ha sido muy interesante, con sus pros y sus contras.

Lo que mejor ha funcionado sin lugar a dudas es la forma de trabajar, ya que, poniendo mi ejemplo, al principio no estaba muy animado, pero a medida que se fue realizando el proyecto mi motivación aumentó. Verse, hablar y encontrarse en persona con los mejores escritores del momento y, además, poder hacer la entrevista en francés a Joël Dicker, el escritor suizo, es una cosa que no se hace todos los días. Esto fue lo que mejor ha ido durante el desarrollo de este proyecto, a pesar de que los nervios no faltaban. Lo que se echó mucho en falta fue la organización. No supimos nada hasta el último momento, y eso agobiaba y aumentaba los nervios. Los medios han sido pocos y un poco improvisados. No se sabía en qué momento ni en qué lugar hasta el final. Pero nos tranquilizamos al oír hablar a Joël Dicker, muy ameno y con gran sentido del humor, a pesar de que llevaba todo el día de un lugar para otro.

La experiencia ha sido muy constructiva y he aprendido a desenvolverme en este proyecto. Al haberlo terminado te calmas y ya estás muy tranquilo, pero sientes una sensación extraña, como si tú no hubieses estado con la persona entrevistada. Por otro lado, y aunque sea un poco contradictorio, te acaba pareciendo normal que hayas hablado con un personaje tan importante. De todas maneras, aún queda mucho camino por delante. Sin duda, ha sido una aventura inolvidable.

En el interior de los premios San Clemente

Se cumplen veinte años de premios fallados por los alumnos en el IES Rosalía de Castro de Santiago de Compostela

Juan Garrido López
Marta Martínez Blanco
Niyara Pampín Rivas
Alexandre Soto Rodríguez

SANTIAGO / SCQInfo

Estas dos últimas semanas  hemos estado informándonos a fondo sobre antiguas entregas de premios y la verdad no es que se diferencian mucho unas de otras: unas tienen escritores más famosos, otros menos famosos pero, en realidad, lo importante es que el día de la entrega todo el mundo se lo pase bien, tanto escritores como alumnado que votó como público. Y lo que los une a todos en ese gran salón de actos es la afición por la lectura.

Los Premios San Clemente llevan realizándose con éxito veinte años. La iniciativa la tuvieron Ubaldo Rueda, director del centro, y dos profesores de matemáticas: Francisco López Piñeiro y Maribel Martín, ambos aún en el instituto. Según Ubaldo Rueda, ellos desde el primer momento creyeron en el futuro del premio, que este se iba a consolidar. Sin embargo, los medios de comunicación no compartían esto y no creían que, en la primera edición, viniesen Vargas Llosa, Suso de Toro o, incluso, Tariq Alí, un escritor pakistaní afincado en Londres. Pero así fue.

Antes de existir esta actividad, se desarrollaban en el centro las “Semanas Temáticas”, que se organizaban cada año sobre una tema muy concreto, como el aniversario de los derechos humanos o la caída del muro de Berlín. A ellas acudían personas relacionadas con el tema. El objetivo de estas era que el alumnado pudiese debatir sobre temas de actualidad. Decidieron hacer otra cosa en la que los alumnos fuesen de verdad los protagonistas. “El proyecto San Clemente, si pregunto dirán que es una apuesta por la lectura. Sí. Pero sobre todo es una apuesta por los sueños”, afirma Ubaldo Rueda. Y es que el poder hablar con los mejores escritores tanto nacionales como internacionales del momento es una cosa que no se hace todos los días. Pero, ¿cómo reaccionaron los escritores? Curiosamente, los escritores gallegos fueron los que menos creyeron en el premio en un primer momento. Sin embargo, los extranjeros estaban muy sorprendidos, empezando por Vargas Llosa. Pero desde la tercera edición, en la que acudió al centro Saramago, ya el premio se consagró. El director del centro afirma que nunca tuvieron miedo a que el premio pudiese desaparecer, aunque sí a que un escritor no pudiese venir: “Uno no puede renunciar ante la primera dificultad”, declara Ubaldo.

Uno de los momentos que los fundadores del premio recuerdan con más cariño fue la cuarta edición. Saramago había dedicado el dinero del premio a construir una biblioteca en el barrio de Vite y se había quedado para acudir al funeral de Torrente Ballester. El escritor gallego premiado, Gonzalo Navaza, había sufrido un accidente y recogió el premio cojeando. Contó que la primera buena noticia en el hospital fue el premio. Habló llorando y Saramago lo abrazó.

En la última edición, Ubaldo subraya que funcionó muy bien también la participación del escritor extranjero ya que Joel Dicker paraba y hacía frases cortas, por lo que no hubo confusiones con el intérprete. “Los escritores intentaron transmitir cada uno a su manera y fueron muy diferentes”, añade el director. Por último, y como novedad, en la siguiente edición van a participar en la votación alumnos de otros países de Europa.

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XX aniversario de los premios San Clemente
En la entrega de los premios los escritores empezaron a hablar sobre cómo comenzaron a escribir. Sorprendentemente son historias muy distintas. Vázquez afirma que empezó a escribir a los ocho años y que siempre tuvo una relación con los libros. Dicker nos cuenta que él empezó a escribir antes de saber escribir; es decir, él dibujaba y le pedía a sus padres que escribieran lo que él quería expresar. Reigosa relata que en su casa no había libros y que solo a los diecisiete años se dio cuenta de que tenía interés por ellos. Sus obras son las ganadoras de los premios San Clemente 2014.

Todos afirman haber hecho un gran esfuerzo para crear estas obras. Juan Gabriel Vásquez nos dice que creó el libro de su interés y ayudándose de los ejemplos de otros escritores, con los que con unos tiene relación y con otros no.

Joël Dicker piensa que se inspiró en lo que leyó anteriormente, en lo que vió y en lo que escuchó.

Reigosa afirma que se inspiró en cuatro libros históricos publicados anteriormente.

El recibir este premio para ellos fue muy importante. Todos coinciden en que es otorgado por gente joven que no atiende a ningún tipo de interés, ni a la fama del autor, ni a la editorial. Sólo premian lo que les gusta. Así, Carlos G. Reigosa afirma que “es un jurado que te da un premio y no es sospechoso de nada. Eso es una maravilla”. Por otra parte también se siente reconocido por generaciones distintas de la suya y admite que si sólo le entendiese su generación y las siguientes no entendiesen nada, sería un fracaso.

Dicker, que es más joven, piensa que un premio entregado por jóvenes tiene más sentido para él porque así tiene la impresión de que construye algo con ellos.
Los tres piensan que es un orgullo saber que los lee la juventud porque hoy en día cada vez se lee menos al haber Internet, televisión, cine… De hecho, los tres escritores a los que entrevistamos son optimistas y ya están inmersos en sus próximas novelas.

Los premios llevan realizándose veinte años sin ningún problema y eso nos agrada a todos. Es nuestro primer año en el IES Rosalía de Castro y hemos asistido a una ceremonia perfecta. Esperamos que sigan haciendo este premio con la ilusión del primer día y que cada año nos sorprendan con algo nuevo. Nosotros estamos todos de acuerdo es que son unos premios que tienen veinte años de historia, que siempre traen a los escritores más afamados de todo el mundo y esperamos poder formar parte de ese jurado algún día.