Era una época un poco rara. En un bosque había una caseta abandonada… aunque no estaba realmente abandonada. En esa caseta vivía una bruja, pero era una bruja buena. Tenía sus rarezas, pero era buena. Se llamaba Antonia. Antonia era bajita, gordita y rubia. Tenía los ojos marrones, la nariz puntiaguda y la boca casi sin dientes. También tenía granos pero se cuidaba muy bien.
En su casa tenía muchas pócimas y de mascota tenía un dragón diminuto, se llamaba Salvaje. Era un dragón verde con la nariz amarilla, unas alas pequeñas y una cola…pequeñita. Se hacía llamar Salvaje porque para él era especial; decía que era peligroso y que había que tener mucho cuidado con él. Salvaje hablaba gracias a una pócima de Antonia, porque Antonia se sentía muy, muy, muy… SOLA. Tenía un libro con recetas mágicas. Era muy valioso y no se lo dejaba a nadie, ni siquiera a Salvaje.
En el mundo real… había una familia incompleta. Eran una madre y dos hijos. Tenía unos hijos maravillosos, aunque un poco revoltosos. Se llamaban Daniela y Juan. Daniela era la mayor. Tenía 11 años. Era morena, alta, con el pelo marrón, los ojos pardos y la nariz chata. Juan tenía 8 años y era moreno. También tenía los ojos y la nariz igual que su hermana. Un día, en la habitación de Daniela le había ocurrido algo impresionante: había aparecido un libro grande con letras raras. Se suponía que era el libro de Antonia. Antonia se dio cuenta de que no tenía el libro y entonces fue a mirar en su bola mágica. En ella vio que el libro lo tenía una niña, Daniela. Al día siguiente Salvaje apareció en la nevera de Daniela. Esta le preguntó:
-¿Quien eres tú, bicho raro?
-Yo soy un dragón, y no soy un bicho raro. Vengo de un bosque y mi dueña es una bruja.
-¿Una bruja? Si ya… claro , y yo soy una hada.
-Tú debes de ser Daniela ¿verdad?
-Si, yo soy Daniela.
-¡Ya veo que eres muy graciosa!
-Ja,ja,ja muy gracioso,¿ qué haces en mi nevera?
-¿Has encontrado algún libro en tu casa o en tu habitación?
-Sí, un libro grande con letras raras.
De repente, apareció el hermano de Daniela y pensó que el dragón era de juguete, lo cogió por la cola y se lo llevó a su habitación. Pero Salvaje le mordió en el dedo meñique y Juan se dio cuenta de que era un dragón de verdad. Salvaje les contó todo lo que había ocurrido y como a Daniela y a Juan les quedó curiosidad, quisieron visitar a Antonia y los tres le fueron a entregar el libro.

Lidia